EL OBSERVATORIO
Es triste y es preocupante a la vez, el darse cuenta a través de los noticieros, que estamos viviendo una época muy complicada en materia de seguridad. Que si debemos manejar un bajo perfil y sin llamar la atención, que si debemos mostrarnos seguros al transitar por las calles, que si hay que ser cuidadosos con lo que publicamos en redes sociales y cambiar nuestras rutinas de tránsito para “despistar” al enemigo. Son varios los consejos que circulan y se transmiten de boca en boca. ¿Usted los aplica? ¿Ha sido víctima de la delincuencia? Si no lo ha sido, considérese de los pocos afortunados. Hace pocos días se dio a conocer en los medios, el caso de Norberto, un estudiante originario de Chihuahua, que estaba a punto de graduarse de la carrera que estudiaba en la ciudad de México. Norberto, al igual que cientos de víctimas más, que han muerto a lo largo de todo México, a manos de secuestradores y hampones que han hecho de la delincuencia su modus vivendi, murió a pesar de que su familia pagó el rescate que les había sido solicitado por la banda que lo privó de su libertad. Norberto, quien estaba por encontrarse la noche en que falleció, con su novia, no volverá a ver ni a sus padres y hermanos, ni a sus amigos, ni a nadie. Pereció a pesar de tener un futuro prometedor. ¿Qué hacer? ¿Cómo reaccionar? ¿A quién exigir respuestas y reparaciones? Su madre, dio un conmovedor discurso en el que mencionaba: Vine por un certificado de estudios y ahora recibo un certificado de defunción. Y es que aun cuando las autoridades se decanten en afirmar que ya han encontrado al autor intelectual del secuestro y homicidio del fallecido Norberto, falta mucho por hacer. Los reclamos hacia la actual Jefa de Gobierno de la ciudad de México, no se hicieron esperar. La muerte de Norberto vino a empeorar la percepción sobre su efectividad en la administración de una de las ciudades más inseguras del planeta. Lo peor es que hay muchas otras a lo largo del país, que están “ganando adeptos” por convertirse en los peores sitios para transitar o habitar. Aunado a lo anterior, está el tema migratorio que resentimos incluso en nuestra ciudad. Resulta un verdadero reto para todos, el decidir en si ayudamos o no, a los cientos de indocumentados que se encuentran de paso en la localidad. La razón y el sentimiento nos llaman, pero a la vez, los recursos no nos alcanzan ni para sostenernos a nosotros mismos. Al parecer nuestro presidente tendrá que planear e implementar políticas públicas de una manera pronta y expedita y en coordinación con todas las entidades federativas. No se trata de críticas sin justificación a la administración en turno, se trata de exigencias que las mismas circunstancias ameritan. Por lo pronto, no nos queda más que seguirnos cuidando y atender a las recomendaciones que de boca en boca se hacen, para no llegar a convertirnos en una víctima más.
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