Al mismísimo estilo que en la serie de dibujos animados “la liga de la justicia”, se reunieron esta semana, los máximos representantes de la Fiscalía General de Guanajuato, la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, así como la alcaldesa del Municipio de Celaya, para tratar asuntos de suma importancia para la tranquilidad de los Celayenses, quienes ya no ven lo duro sino lo tupido.
Esperemos que esta reunión rinda los frutos que desde hace años no ha podido producir. Hay una frase popular que cita: “no le pidas peras al olmo”; y al igual que en los juzgados de oralidad penal, en este momento exponemos nuestra “duda razonada”, es decir, en verdad dudamos, con notoria justificación, de que salga algo productivo de dichas reuniones. El autor de estas líneas consideramos que no importa que venga el mismo ejército de cascos azules de la ONU, ni la Agencia Anti Drogas (DEA) estadounidense, si la corrupción impera a todos los niveles.
Hemos llegado a un momento histórico en el cual debemos de arrancar el problema desde sus raíces primigenias, ya que con tantos enfrentamientos armados, pareciera que estamos en medio de una película de vaqueros en el viejo oeste.
Encontrar el hilo negro es algo no complicado, considerando los recursos humanos y materiales, así como la tecnología suficiente con la que cuentan las diversas instituciones de seguridad pública encargadas de velar por nuestra tranquilidad. Sin embargo, quizás aún no ha llegado ese valiente que sea capaz de enfrentar a ese terrible monstruo llamado delincuencia organizada, el cual fue creciendo de forma inconmensurable gracias a los actos corruptos de los gobiernos presentes y pasados.
Sin embargo, bajo la arrogancia que me asigna el conocimiento del tema, este escritor hace la siguiente observación: una acción delictiva y corrupta, tiene dos participantes para que pueda darse: una persona sumamente ambiciosa que es capaz de vender hasta a su propia madre –al igual que el apóstol Judas Iscariote- por unas monedas de plata, y por otro lado, se requiere alguien sumamente conformista que sea incapaz de moverse de su zona de confort por temor a que en las próximas elecciones le priven de la asignación gratuita de su calentador solar.
El origen del mal va más allá de la presencia de seres sin escrúpulos que ven en el delito una forma rápida de enriquecerse de una forma sorprendente; a este factor se debe de sumar la falta de educación, la ignorancia, la ausencia total de valores, el nepotismo, la vagancia, la pobreza, el gamberrismo, la improductividad, el desempleo, las personas que viven del robo, de la limosna, de la ociosidad.
Basta observar en un día cualquiera, la presencia por doquier, como si fuera una plaga, de personas lanzando pelotas en los cruceros, niños menores de seis años causando lástima con su aspecto famélico y desaliñado, pandillas de jóvenes en pleno goce de su juventud, limitándose a pedir sin trabajar.
El polémico filósofo Friedrich Nietzsche, en una de sus múltiples obras, señalaba “…hay que matar a los limosneros, porque te hacen sentir mal si les das, e igual te hacen sentir mal si no les das…”. Antes de la lluvia de ataques moralistas en contra de la impactante frase del filósofo en comento, es necesario destacar que uno de los orígenes del delito es precisamente la presencia de aquellos que nada aportan, pero que todo desean, y no sólo lo desean, sino que maquinan ideas tan mezquinas acerca del cómo obtener una vida llena de lujos sin necesidad de producir algo en pro de la sociedad.
Los estudiosos de la criminología coinciden en que aquel que comienza pidiendo sin trabajar, hará de la mendicidad su forma de vida, y al igual que una bola de nieve que recorre una pendiente, comenzará a crecer hasta llegar a un punto en que frenarla es prácticamente imposible, causando caos de desastre por dondequiera que pase.
Esperemos que la próxima vez que la “liga de la justicia” decida reunirse, considere que también debe de enfocarse en las conductas desviadas como la trata de personas, la explotación laboral infantil, la falta de educación, la inmoralidad, la vagancia, los pordioseros, los menesterosos, y aquellos que prefieren deambular por las calles en la madrugada para desvalijar vehículos a realizar alguna actividad lícita. El día que caminemos por las calles sin la presencia de malabaristas, limosneros y personas con franelas rojas apartando lugares de estacionamiento como si estuvieran cobrando derecho de piso, ese día podemos comenzar grandes empresas. No pueden detener al raterillo del barrio, ¿en verdad creen que puedan detener a los grandes capos?. Es imposible no dibujar una sonrisa ante sus hilarantes disparates.
