
En menos de tres meses, la casa de la señora Ana Bertha, ubicada en el Malecón del Río, ha sido impactada en dos ocasiones por vehículos que circulaban a alta velocidad.
A principios de febrero, un automóvil se estrelló contra la fachada de su vivienda, dejando en escombros la sala y el comedor. Aunque los daños materiales fueron considerables, el miedo y la incertidumbre persistieron, pues la familia quedó con la sensación de que un nuevo accidente podría ocurrir en cualquier momento.
La madrugada del sábado 2 de mayo, con menos de tres meses de diferencia, la historia se repitió. Ana Bertha y su esposo ya se encontraban dormidos, mientras que su hijo apenas tenía 15 minutos de haber salido de la sala para dirigirse a su habitación.
Eran alrededor de la 1:30 de la madrugada cuando nuevamente sintieron cómo la casa vibraba. El ladrido de los perros los alertó y, al salir de sus habitaciones, se encontraron con una escena similar a la de febrero: polvo, humo y un vehículo estrellado contra la pared de la sala.
Ana Bertha recordó que, tras el primer incidente, los responsables únicamente repararon la pared, pero no cubrieron los daños del interior. Ante el desgaste emocional, la familia decidió no continuar con el proceso. En esta segunda ocasión, una camioneta roja destruyó lo poco que habían logrado recuperar: una mesa improvisada, algunos sillones e incluso dejó daños visibles en su refrigerador.
De acuerdo con el testimonio, el conductor un joven de apenas 18 años circulaba a 100 kilómetros por hora, pese a que en la zona existe señalética que establece un límite de 40 kilómetros por hora.
“Sí, el conductor tiene la culpa, pero también hay terceros, como la Presidencia, que no hace nada por colocar bolardos ni atender esta situación”, expresó.
El joven señaló que, al intentar cambiar de carril, perdió el control del vehículo debido a las boyas, lo que provocó que terminara impactándose contra la vivienda.
Aunque este tipo de accidentes comienza a ser más frecuente en la zona, Ana Bertha afirmó que no desean acostumbrarse a vivir con miedo e incertidumbre, pues el tramo que conecta su casa con el bulevar López Mateos lo considera peligroso.
“Ahí donde empiezan las boyas, muchos conductores intentan cambiarse de carril de forma imprudente y es donde ocurren los accidentes”, explicó.