
Tras un proceso legal que conmocionó a los habitantes de León, las autoridades dictarán una sentencia histórica de 127 años de prisión en contra de Christian Augusto Jafet, hallado culpable del abuso y asesinato del niño Mateo Santiago, de 12 años de edad.
A pesar de que el veredicto representa un golpe definitivo de justicia contra el agresor, en la colonia Chapalita los vecinos y comerciantes manifestaron un sentimiento agridulce.
Para la comunidad la condena del infanticida trae consigo un cierre necesario, pero no borra el dolor ni la profunda ausencia que dejó el menor en el barrio.
El Caso Mateo ha sido uno de los más escalofriantes y sonados en León en tiempos recientes.
Todo comenzó cuando en febrero del año pasado desapreció el pequeño Mateo Santiago, de tan solo 12 años, quien estudiaba la secundaria y ayudaba, en sus ratos libres, al podólogo Christian Jafet, quien resultó responsable de la desaparición, abuso y asesinato del pequeño.
Después de intentar deshacerse del cuerpo en Lagunillas (límites entre Guanajuato y Jalisco), fue capturado por las autoridades y llevado a juicio.
Por fin, su sentencia ya está firmada: el próximo primero de julio comenzará formalmente un encierro de más de un siglo.
La gente de Chapalita, colonia donde vivía el niño con su familia y donde tenía el médico infanticida su consultorio (concretamente en la calle Manuel de Austri) reacciona ante la situación de manera agridulce, pues aunque el criminal pasará el resto de su vida en la cárcel, ni todas las sentencias de la historia podrán devolver la vida a Mateo.
Así vive la gente de la colonia el proceso de duelo, que ha sido intenso.
Basta recordar que en febrero de este año realizaron, a un año de su partida, un rosario en el templo de la colonia.
El domingo por la mañana transcurre como en cualquier otra colonia de la República Mexicana.
Pocas personas caminan por la calle Manuel de Austri.
En algunos locales se vende menudo o birria, y el intenso olor se filtra por las fosas nasales de quienes esperan su camión o van a desayunar, a curarse la cruda o a trabajar.
El recuerdo de Mateo, y el horrible crimen, persisten en la memoria de la gente.
SED DE JUSTICIA
Desde el asesinato de Mateo, muchos leoneses dieron muestra de solidaridad.
Basta recordar que en el evento de la Quema del Judas en Semana Santa, el organizador, Sergio Valentín, le ha dedicado minutos de silencio entre toda la algarabía y barullo que implica el evento, o que hay un mural en su honor en la colonia San Juan Bosco.
En toda la ciudad el cariño y el luto es unánime, pero en Chapalita, epicentro de los hechos, se vive con mayor intensidad.
En las abarroterías, en los negocios de comida, en los puestos del tianguis ‘La Línea de Fuego’ que se encuentra en el corazón de la colonia, se recuerda el caso.
Gloria Preciado, de 63 años es dueña de una tienda de abarrotes, y para ella los hechos están vigentes.
Se enteró gracias a redes sociales de la sentencia de Christian Jafet.
Como tanta gente, ella veía al médico como una persona normal, incapaz de hacer lo que hizo.
Vendedoras de diarios como María Jiménez, están al tanto de lo que ocurre, y aunque no conoció a Mateo, sí comparte la tristeza de un crimen inefable.
La calle Manuel de Austri, bautizada así en honor a un destacado militar leonés que colaboró con Miguel Hidalgo, se extiende entre casas habitación y negocios, siendo el escenario de uno de los crímenes más cruentos de lo que va de la década en la ciudad.




