La vida de Manuel Nava ocurre entre ruedas. Las de su silla, las de las bicicletas que él arregla, las que dibujan las vueltas que tiene que dar para conseguir lo que quiere.
Le dio polio cuando tenía un año y dice que realmente se dio cuenta hasta la secundaria, cuando comenzaron las burlas por su modo de caminar, cuando comenzaron los rechazos de las niñas que le gustaban.
Hoy es profesor de deporte adaptado en silla de ruedas, entrenador de equipos de baloncesto para discapacitados desde hace cinco años. Pero en aquel tiempo no era nada. No imaginaba ni por un poco ser algo en la vida. De hecho, no imaginaba. ¿Maestro?, ni pensarlo.
La polio es evidente en su pierna derecha. Se sube a la bicicleta, luego a la silla de ruedas; también camina un poco y hasta maneja. Va de aquí para allá para conseguir patrocinios de un equipo independiente que es subcampeón nacional, aunque ha sido campeón también.
Que la Comude le dice que sí habrá, que venga luego, que siempre no, que ahí va al DIF, que al municipio, que a tocar puertas de empresarios, de talleres.
En total, 30 personas con discapacidad lo esperan en las canchas, con la esperanza de salir cada mes a jugar. “Conseguí un camión con rampa de parte del Centro de Estimulación Múltiple del DIF” y todos alzan los brazos por el éxito de la gestión.
SE TRATA DE SER
Porque cuando uno habla con Manuel entiende que no se trata del deporte en sí mismo, de ser campeones o no. Se trata de Ser. Así de simple, de levantar el ánimo y soplar en el alma de sus alumnos las ganas de vivir. Tan simple y tan profundo como eso.
“Era un niño normal, corría y jugaba, con dificultad, pero no me daba cuenta hasta sexto, cuando ves la diferencia con los otros niños que te hacen burla sobre cómo caminas. Y en la secundaria, un poco más frustrante, porque ya te gustan las niñas”.
Manuel ha visto a muchos muchachos como él en aquel entonces, escondiendo su discapacidad, avergonzado. “Nunca pensé ser algo en la vida, por el trauma con el que uno crece”. Luego fue invitado a jugar básquet, pero le parecía una locura. Lo abandonó, pero pudo ver que había más gente como él.
El deporte le cambió la vida, por completo. “Te das cuenta de que puedes hacer muchas cosas, me enseñé a trabajar como independiente para estar listos para las competencias, la gente manejaba, tenían sus parejas, tenían familia”.
Transformado en la mente y en el espíritu, su nueva vida le regaló a su esposa y luego a un hijo que ahora tiene 12 años. A ella la conoció en el equipo femenil y compartía la experiencia de la discapacidad. A él en el seguro, en un proceso difícil y discriminatorio.
“Nos tenían en sala de espera y escuché que tumbaron a una señora de la camilla, nunca pensé que fuera mi esposa, nadie me daba razón de mi niño. Después me metí hasta las incubadoras. Reconocí a mi hijo sin que me dijeran que él era. Luego vi a mi esposa y me contó que la habían tumbado y se burlaban de ella, le decían que se levantara sola”.
SU MOTIVACIÓN
A este maestro nada le ha sido fácil, ahora mismo busca desesperadamente apoyo para llevar a diez hombres a Cancún a jugar un campeonato y no lo encuentra. Busca también para más gente que llega con él a buscar un sentido a la vida y que en principio necesita una silla de ruedas.
La vida no le alcanza. Hoy viven dos muchachos discapacitados de Tijuana en su casa mientras se capacitan acá.
Tiene una beca de Comude que espera no perder por no haber conseguido el campeonato esta ocasión. -¡Pero eres subcampeón! -Sí, pero pues ya ves…
Entrena a 35 personas, entre niños, adultos y equipos femeniles. Tres de sus jugadores son profesionales en una liga en España. Un compañero suyo del básquet es hoy director general del Ingudis, José Grimaldo. Él sabe lo que ayuda la actividad que realiza porque ha visto con sus propios ojos estas transformaciones vitales.
“Cuando ya no puedo más, volteo a ver la motivación de los niños, tengo que seguirle, no puedo dejar esto. Ezequiel se accidentó y tuvieron que amputarle la pierna. Estaba destrozado. Al siguiente año se metió al equipo y en tres años se hizo profesional y ahora está en España. Es lo que nos motiva”.
SENTIDO HUMANO
No es el deporte, es la recuperación del sentido humano. Aún hoy, en estos tiempos, la conciencia es mínima. Los discapacitados están arrinconados, sin salir. “Los papás, los familiares, no se dan cuenta que tienen a un licenciado o un gobernador en casa. Los sacamos de la casa y empiezan a vivir”.
Lo apuro a que me regale una lección, maestro de la vida, en este día de celebración de la enseñanza.
“Principalmente, que hay que dar gracias que estamos vivos y tenemos la posibilidad de ver, de escuchar. No hay que perder la fuerza para luchar, aprovechar los días, estudiar, trabajar, hacer deporte, vivir la vida, sólo es una y el tiempo no perdona, se va rápido, las oportunidades sólo son una vez”.
“Si un día les dan una oportunidad, les acercan una campaña que los enseñe a mover en sillas de ruedas, un club deportivo que los invite, acepten, van a encontrar una vida, una pareja, compañeros, amigos, una verdadera familia”.
¡Maestro!
