Los empleados domésticos detenidos y señalados como probables autores de un robo cometido contra sus patrones, no cometieron delito alguno.
Fueron víctimas de un engaño que delincuentes telefónicos vienen consumando con más frecuencia, para inducir a trabajadores a disponer de dinero y hacerles depósitos, haciéndose pasar por sus patrones.
Así lo señaló este viernes el director de fiscales investigadores del fuero común en León, Jesús Aguilera, en torno a la detención que hizo la Secretaría de Seguridad Pública a petición de un agraviado que perdió, mediante ese mecanismo delincuencial, un total aproximado de 40 mil pesos.
El hecho sucedió el 25 de abril en un casa de Cumbres del Campestre, donde prestaban sus servicios una trabajadora doméstica y un mozo, quienes se vieron este 26 de abril detenido por policías preventivos a petición de sus patrones, señalados por robo.
Apenas iniciadas las indagaciones ministeriales, se supo que este incidente es similar a otros ocurridos en León.
La empelada y el mozo recibieron el 25 de abril una llamada telefónica de un sujeto que les hizo creer que era su patrón y les ordenó que dispusieran de dinero, del que incluso les habría señalado dónde encontrar para que se lo depositaran, porque tenía una urgencia.
Según el funcionario, la llamada fue real pero no fue el patrón quien les llamó, y los empleados en realidad actuaron engañados.
Dijo que este engaño se ha repetido ya al menos unas cinco veces en León y ha sido denunciado por los agraviados.
OTRO CASO
Esta estrategia delincuencial se conoció en León después de que el 27 de febrero se conociera la detención de un vigilante de la tenería Curtec, establecida en Fracciones de los Arcos, en la salida a Cuerámaro.
Ahí el industrial Óscar hizo detener al guardia Juan José, de 47 años de edad.
Lo señalaba por forzar una caja fuerte y robar 90 mil pesos, en un hecho que además el detenido reconocía.
Pero aseguró que su propio patrón le había ordenado que así procediera, que tomara el dinero disponible y acudiera a depositarlo en su cuenta bancaria, que presuntamente pertenecía al patrón.
El guardia hizo depósitos en dos cajeros automáticos a la cuenta que le fue señalada y que el patrón negó fuera suya.
El Ministerio Público liberó al guardia, con reservas de ley, y declaró que no había datos de prueba para imputarle delito alguno, pues todo indicaba que había sido en realidad víctima de engaño, y que la investigación continuaría con él en libertad.
Desde entonces a la fecha no se ha establecido quién consumó el ilícito, ni la autoridad ha informado qué delito fue cometido.
