Casi todas las mujeres tienen una historia de acoso, conocen de alguien e incluso han experimentado un trágico e inolvidable momento en sus vidas con violencia de género.
Por ejemplo, Esmeralda (su nombre fue modificado para resguardo de su seguridad) tenía 17 años y estaba saliendo con un chico, fue su novio por un mes o un poco más pero al final terminaron su relación y él la metió en chismes.
Para que se acabaran, ella lo afrontó y le pidió hablar. Él la citó en su casa para irse a un partido con sus demás amigos y conocidos.
Cuando estaban en la residencia ella ni siquiera ingresó a la casa, se quedó en la cochera y narró que de pronto:
“Me tomó de la mandíbula y me empezó a besar a la fuerza” con la voz cortada y llorando narró: “en el pasillo me empezó a morder el cuello, se sacó el pene, y comenzó a restregarlo por mi cuerpo y yo como pude me lo quité, no sé cómo…
“Le supliqué que me dejara en paz, yo estaba en shock y había un coche viejito ahí, lo abrió y me aventó, y yo me golpeé la cabeza, estaba encima de mí y me empezó a apretar las piernas, a morder brazos y las piernas…
“Intentó violarme, no me penetró completamente pero sí alcanzó a hacerlo.
No recuerdo qué cara hice, lo empujé con mis burras y después me amenazó…
“Nunca dije nada, yo acepté que había pasado. Lo he contado muchas veces y sigo llorando cada vez que lo hago.
“Es algo que marcó mi vida y lloro porque hay peores casos y me da mucha impotencia porque todas seguimos trabajando para estar seguras”, se atrevió a contar así.
Desde entonces ella no ha podido tener una relación estable, y así como ella se atrevió a contarlo exhorta a que las mujeres no se queden calladas, que denuncien.
Como ella, El Heraldo conoció mínimo 2 casos más de violencia de género y las 3 historias coinciden en que es necesario generar empatía para evitar que se vuelva a repetir.
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