Se ven fuertes, jóvenes, con ganas de vivir, que es difícil imaginar el pasado tormentoso, los golpes de la vida, el sufrimiento, y el miedo de estar con su familia, en su entorno.
Ellos son aquellos niños que con escasos 10 años se hicieron dependientes de una droga, algunos por soledad, incomprensión en sus hogares, o ante la falta de una mano dura, de reglas.
Vieron en la calle, con los supuestos amigos, cómo hacerse grandes, cómo enloquecer su cabeza, cómo silenciar el sufrimiento, el llanto con una sustancia.
Israel a sus cortos 14 años, ha probado de todo, comenzó con marihuana a los 10 años, le siguió con solventes y con cristal. El comprar la droga era lo más sencillo, en cualquier esquina lograba conseguirla, aun siendo un niño.
“Quería saber qué se sentía estar drogado, luego lo hacía para irme de mi realidad”, narró el adolescente, cabizbajo.
José María, tiene también 14 años de edad, él al igual que Israel comenzó a drogarse a los 10 años.
“Yo me salía de mi casa a la calle, y veía grupitos, quienes me aceptaron a cambio de que me drogara como ellos. Lo hice, comencé con marihuana, luego con cristal, durante 4 años”, manifestó el menor decidido a afrontar su problema de drogadicción.
Estos jóvenes, al igual que Gustavo de 17 años, permanecen en el Centro de Rehabilitación la Búsqueda desde hace tres meses; Gustavo tiene 6 meses, y comentó lo complicado que es salir del anexo y llegar a tu hogar, con tu familia, a su entono, enfrentar tus demonios, y todo aquello que te hace débil ante la droga.
“He salido tres veces, llego a mi casa y no me gusta lo que encuentro, veo muchos problemas, y prefiero regresar aquí (centro)”, dijo el joven.
Con escasos tres meses los adolescentes ya tienen sueños, han encontrado en el deporte un refugio, un sentido y amor a la vida.
Su vida ha sido dura, todos con un historial de madres solteras que trabajan, de padres alcohólicos, drogadictos, violencia intrafamiliar, y prostitución; estos niños les tocó vivir cargando con las imperfecciones de sus padres; aun así, quieren ver la luz, buscan una oportunidad, una verdadera familia, la cual la han encontrado en la Búsqueda.
“Ellos son como de mi familia, mis compañeros, todos, no creo que esto sea un encierro, aquí tenemos libertad de decidir si nos quedamos o nos vamos, pero yo me siento bien aquí; quiero tener otra vida”, señaló convencido José María.
Welber de 15 años agradeció a la Búsqueda y a su entrenador, la motivación y deseos de salir adelante que le brindan; por lo que recomendó a todos aquellos jóvenes que tengan el problema busquen los medios para salir de ese infierno, de las garras de las drogas.
EN BUSCA DE UN SUEÑO
Israel, José María y Welber tienen un sueño, ser futbolistas profesionales, por eso en sus descansos se la pasan entrenando lo que más les gusta hacer.
Mientras tanto Gustavo desea dedicarse al ciclismo de carreras.
El Centro de Rehabilitación la Búsqueda es una asociación civil, sin fines de lucro; y se mantiene con la venta de pan en los cruceros. Las campechanas están hechas por los jóvenes con las normas más higiénicas.
Asimismo, los jóvenes y los encargados del centro brindan pláticas en las escuelas, con la intención de pasar el mensaje de rehabilitación, y la invitación para los jóvenes que han sido víctimas de las drogas.
