De entre todos los Vía Crucis que se celebran en León, el de San Pedro de Los Hernández es uno de los más tradicionales, pues no ha perdido su esencia comunidad y barrio.
Desde hace medio siglo los organizadores se preparan para llevarlo a cabo reuniendo a miles de personas que contemplan cómo quien personifica a Cristo camina, con su cruz, desde el Barrio de Guadalupe hasta San Pedro de los Hernández.
Son poco más de siete cuadras en las que el joven actor lleva la cruz. Más de 5 mil personas asisten al evento anualmente.
Al respecto, Ignacio Muñoz García, encargado de la organización y la logística del evento, explica que lo que le da un aspecto único a su Vía Crucis es que se lleva a cabo en una comunidad que, con el paso del tiempo, formó parte de la mancha urbana leonesa.
En el evento participan de 100 a 150 personas, todos ellos los característicos de la historia bíblica conocida como “La pasión”: Judas Iscariote, Barrabás, Herodes, Poncio Pilato y Jesús.
Quien da vida a Jesús es José Luis Valdivia. Como muchos actores de barrio que representan al Mesías, se le exige que tenga disponibilidad y paciencia, y además, que no beba alcohol y esté casado.
“Debe de estar casado y muy bien preparado. Esta preparación es desde cuarto meses antes, pero durante todo el año vamos eligiendo a otros actores”.
Los ensayos son constantes, y ha sido así la tradición desde hace 55 años.
“Tratamos de hacerlo con el mayor realismo posible, siempre cuidando la integridad de todos los personajes, para que no vayan a tener ningún accidente”, advierte Muñoz García.
INSTRUMENTOS DEL SUPLICIO
Los instrumentos que se usan para el suplicio de Jesús deben tener el mayor realismo posible. Al respecto, Andrés Domínguez Sandoval, del comité organizador del Vía Crucis, quien lleva 20 años en ello, explica que la cruz tiene un peso de 95 a 100 kilos.
La corona de espinas es de huizache, que se cortan una semana antes del evento. Se tejen completamente a mano, y se pule por dentro para que no lastime a la persona… aunque es inevitable que le haga aunque sea un daño superficial.
Los látigos son de 72 cuerdas de trompo, que aunque al principio no lastiman, después de los constantes golpes sí llegan a molestar.



