El mes de septiembre es el de las Fiestas Patrias, pero también es época de luto.

Un 19 de este mes, pero hace más de treinta años (concretamente en 1985); se trató del terremoto que cimbró a la Ciudad de México y que, hasta el día de hoy, se recuerda con el respeto que merecen todas las grandes tragedias de la historia.

Antes de recordar cómo impactó el terremoto a México a Guanajuato, conviene recordar aquel año, cuando el Presidente de la República Mexicana era Miguel de la Madrid Hurtado y en Gobernación se encontraba Manuel Bartlett.

León crecía hacia la modernidad, y las noticias sobre el crimen organizado comenzaban a crecer de manera escalofriantes, pues en marzo de aquel año se encontró el cadáver de “Kiki” Camarena en Michoacán, quien había sido un importante agente de la DEA infiltrado en el Cártel de Guadalajara.

Entonces, el 19 de septiembre, la historia de México cambió para siempre. La mañana de aquel día parecía normal. El Distrito Federal, ahora Ciudad de México o CDMX, bullía en actividad. Parecía una semana como cualquier otra; pero, a las 7:19 empezó el sismo con magnitud de 8.1 grados en escala Richter.

Tras el siniestro, la cifra oficial del Gobierno fue de 3,692, aunque es un hecho que fueron muchas más víctimas, hasta el día de hoy se desconoce el número concreto de víctimas.

Durante aquel evento, salió lo mejor y lo peor de los mexicanos. Lo más loable, pero también lo más despreciable.

Por un lado, todos los ciudadanos que hicieron hasta lo imposible por ayudar, dedicándose a salvar personas atrapadas entre los escombros. Por otro, casos trágicos como el de las costureras de San Antonio Abad, que murieron sepultadas y se descubrió que se les trataba en condiciones infrahumanas.

Afortunadamente, los trágicos acontecimientos pondrían en evidencia el trato cruel y surgiría toda una lucha social sobre el tema. Otro de los aspectos positivos de aquel siniestro, es que se fomentó como nunca antes la cultura de la protección civil. Guanajuato, como era de esperarse, se sumó a apoyar. Fue un terremoto que cimbró no solamente la tierra, sino las conciencias.

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