sábado, agosto 29, 2026
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El sonido del diablo, por un mexicano


Los directores y actores mexicanos se han sabido ganar un merecido lugar en las entregas de los Premios de la Academia. Hoy en día, nombres como Guillermo del Toro, Iñárritu o recientemente, Eugenio Derbez, son constantes y van en aumento.

Con motivo de la entrega de los premios Óscar, es buen momento para recordar el 2 de abril de 1974, cuando la estatuilla fue entregada al equipo de sonido bajo la dirección de  de Robert Knudson y Christopher Newman, por una emblemática película de terror, donde participó un veracruzano.

Esto se debe a que Gonzalo Gavira fue parte del grupo en ganar el premio por hacerse cargo de el sonido en la que está considerada una de las más grandes películas de miedo de todos los tiempos: “El Exorcista”.

Los hechos,  fueron publicados en EL HERALDO DE LEÓN aquel 2 de abril, con el título “El exorcista, nominada para recibir hoy varios oscars”.

La noticia de que un mexicano había participado en la película fue recibida con orgullo y emoción por todos los medios de comunicación, y la biografía de Gavira se hizo conocida por todo mundo.

El icónico sonidista  nació el 30 de octubre de 1925 en Poza Rica, Veracruz, aunque después emigraría a la Ciudad de México. De joven, trabajó en la XEW y brindó sonido a varias radionovelas.

Trabajó en la película “El Topo” de Alejandro Jodorowsky, y su labor fue tan buena que llamó la atención del director William Friedkin, quien tenía planeado adaptar la novela escrita por William Peter Blatty, sobre una niña que era poseída por el demonio Pazuzu y un par de sacerdotes la salvaban. Se titulaba “El Exorcista”.

Los sonidos inquietantes y aterradores de la película, como cuando la protagonista le da vueltas la cabeza, fueron hechos exprimiendo una cartera de piel con tarjetas de crédito dentro.

De acuerdo con la página de la Cineteca Nacional: “La huella que Gavira ha dejado en la cinematografía mexicana se nota hasta en los modismos que ésta ha adquirido; por ejemplo, “hacer un gavira” se refiere a inventar y ejecutar un efecto de sonido, o bien “montar un gavirazo” que es sinónimo de crear una pista completa de efectos sonoros”.

El sonidista murió el 9 de enero de 2005, pero su huella es indeleble en el séptimo arte.

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