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EL SILENCIO DE LOS MARIACHIS

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Desde que en el mes de marzo inició el confinamiento por el coronavirus, uno de los sectores más golpeados ha sido el del entretenimiento, y por ejemplo, la Plaza del Mariachi hoy permanece en silencio, desolada, con músicos desesperados en busca de trabajo.

Ya son prácticamente tres meses que los mariachis callaron, pues las autoridades del gobierno municipal y estatal, suspendieron las actividades no esenciales para evitar la propagación del COVID-19.

Esas medidas han afectado directamente al bolsillo de los músicos leoneses que por décadas, han subsistido gracias a que son contratados para llevar serenatas.

Por ejemplo, a las diferentes agrupaciones de mariachis, se les ha permitido laborar siempre y cuando acaten las ya conocidas medidas de prevención y salud, pero pocos muy pocos han sido contratados.

Así, la Plaza del Mariachi que desde hace casi 10 años se ubica en el Jardín de los Paraísos, luce triste, con músicos esperando clientes, alguien que los contrate que tenga alguna reunión de cumpleaños, que necesite llevar una buena serenata a su madre, a su novia, a un buen amigo, para poder subsistir a esta crisis por la pandemia del COVID-19.

Durante este tiempo, se han escapado fechas especiales para ellos, en las que perciben una buena cantidad de ingresos, pues tan solo ya pasó el Día de las Madres y hace unos días el Día del Padre, y muchos leoneses suelen contratar músicos para complacer a sus seres queridos.

Sí, hubo contrataciones, pero no en el porcentaje de los últimos años, pues la ciudadanía también está golpeada por esta crisis y muy pocos fueron los que acudieron a la Plaza del Mariachi para contratar música.

También el cierre de bares y restaurantes, durante gran parte este confinamiento, ha impedido que aquellas personas, que principalmente los fines de semana, suelen ingerir bebidas alcohólicas y luego contratar troqueros, tríos, grupos de mariachis, obviamente ahora no estaban ´motivados´ para hacerlo y no lo hicieron.

Varias de estas personas que se dedican a ambientar reuniones, fiestas y llevan serenatas, se encuentran en edad vulnerable, pues superan los 60 años de edad, pero no les queda de otra que arriesgarse y salir a buscar clientes para tratar de subsistir, aunque las cosas no marchen bien, pues algunos llevan muchos días sin tocar, pese a que están gran parte del día esperando ser contratados.

Es así como la Plaza del Mariachi, luce un panorama gris, con músicos arriesgando su propia salud, que pasan horas y horas en el lugar para ver si algún cliente llega a contratarlos y que principalmente, no han podido llevar el sustento a sus hogares como habitualmente lo hacían.

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