Inicio Regional Del Rincón El Santuario, protagonista de un sueño compartido

El Santuario, protagonista de un sueño compartido

0

Cerca de lo que hoy son las callejuelas había un enorme terreno,  en donde se formó uno de los más grandes sueños de los habitantes del antiguo San Francisco. Era cerca del año 1870.

Porfirio Díaz diseñaba y comenzaba a operar una estrategia político – militar para que Benito Juárez no contendiera para una nueva reelección presidencial y se manifestaba ya un gran movimiento obrero en el país, con la publicación del manifiesto comunista de Karl Marx en el nuevo semanario El Socialista. Díaz habría de llegar cinco años después al poder y consolidar su gobierno.

Todo se conmociona y avanza. Son los años también en que se crea el Senado, un espacio de representación para todos los estados del país que partía en dos al poder legislativo.

Son los mismos setenta del ochocientos cuando el Papa Pío IX declara a la Madre Santísima de la Luz patrona principal del Obispado de León, que llegaba hasta acá por aquellas fechas en que los territorios eran distintos.

TIEMPOS DE ESPERANZA

El cuatro de abril de 1876 se colocó la primera piedra del santuario de la Purísima Concepción, que fue inaugurado hasta 1881 por el vicario capitular, Don J. Loreto Zúñiga bendijo solemnemente y ofició la primera misa. También eran tiempos de esperanza, progreso y revueltas sociales y políticas, pero se construía ya la vía del ferrocarril de México a León y se abrían nuevos universos en las conciencias de los habitantes de San Francisco, donde también se construiría una estación y un brazo de la vía.

Pero vayamos de vuelta antes de 1876, cuando el padre Manuel de la Vega recorría este terreno, paseaba por las callejuelas que hoy se llaman Primero de Mayo y Oliva y Orozco, contando las monedas que juntaba para erigir un templo. ¡Qué sueño aquél de grandes proporciones! Juntó cien pesos.

Hizo las gestiones y obtuvo la licencia el 22 de febrero, del propio ilustrísimo señor obispo José María Diez de Sollano y Dávalos.

La primera piedra en medio de aquel terregal tuvo los honores religiosos que ameritaba, pero nadie imaginaba la conclusión. Más de doscientos ochenta metros cuadrados de tierra con unas líneas de cal que trazaban el sueño del padre y otros buenos hombres de aquel tiempo.

Se improvisó un altar pequeño mientras el viento volaba el polvo hacia los asistentes y se ofició una misa. La imagen de la Purísima Concepción testificaba la fe del pueblo; era una imagen muy importante para De la Vega, regalada por su madre en celebración de su ordenación. La imagen fue conducida en solemne procesión para protegerla del clima y para que comenzara a recibir culto; es decir, a recibir la atención profunda de los fieles que comenzaron a pedir y ofrendar.

IDENTIDAD

Cinco años hombres y mujeres pasearon por estos territorios, lejanos al San Francisco del presente, pero fundándolo socialmente. Albañiles, chalanes, cargando piedras, haciendo mezcla; un trabajo duro que terminaría por unir en un sólo tejido las fiestas populares y religiosas de la región, conformando la identidad en su más amplio significado para San Francisco del Rincón, este pueblo fundado por franciscanos de la Villa de León.

La fiesta de las Iluminaciones, con su intenso trabajo evangelizador pero también socializador. Eran los tiempos de esparcir el dogma, pero no podía suceder sin significación colectiva.

Dice el cronista Lorenzo Espínola sobre aquellos días:

“Se empavesaron durante ocho días las calles por vez primera, con banderolas que se estremecían alegremente al soplo del viento y se iluminaron con farolitos multicolores que reían con sus lucecitas fantásticas durante aquellas noches serenas, radiante de alegría; las músicas lanzaban acordes armoniosos y vibrantes en tanto que el pueblo se afanaba por honrar con signos exteriores a la Santísima Virgen”.

El centro, corazón histórico del pueblo, se ilumina y colorea aún hoy, con nuevos y más complejos sentidos, que superan los motivos religiosos. Pero es la luz, la misma que se ha prendido, antes, en la historia.

Salir de la versión móvil