El crimen cometido por Dan Cooper, mejor conocido como D.B. Cooper, es uno de los más misteriosos y polémicos en la historia de la industria aeroportuaria.

Entre 1967 y 1972 se secuestraron 147 aviones en Estados Unidos, pero solo uno ha quedado sin resolver hasta el día de hoy. De hecho, es uno de los pocos que permanecen con la respuesta “en el aire” para usar una metáfora adecuada.

Todo comienza un 24 de noviembre de 1971, cuando un hombre, que se identificó como Dan Cooper (aunque erróneamente se le nombró D.B. en varios medios) compró un boleto en Northwest Airlines, de Portland, con destino a Seattle. Llevaba un traje y corbata negras y lentes oscuros. Ingresar al avión le resultó muy fácil, pues en aquel entonces no eran tan rigurosa la documentación.

Una vez en el avión, le entregó a la sobrecargo una nota. Ella pensaba que se trataba de un hombre de 45 años que la quería ligar, de modo que lo ignoró. La percepción cambió cuando leyó el mensaje: “señorita, tengo aquí una bomba. Siéntese a mi lado”. Abrió su portafolios, y efectivamente era un paquete con cilindros rojos y cables. Después pidió dos bourbon.

Entonces, el secuestro del Boeing 727 había empezado. Las demandas de Cooper eran 200 mil dólares y 2 paracaídas. Rápidamente se contactó al FBI y se consiguió el dinero. Durante toda la noche habló poco. Ya tenía tarjetas redactadas a máquina con gran parte de sus exigencias. Una vez en tierra, con el fin de cargar combustible, el secuestrador dejó bajar a los 36 los pasajeros sin herir a nadie, quedándose solo con el personal de cabina y una azafata. Dicen que fue muy cortés e incluso pagó la bebida que consumió y ofreció propina a las azafatas, que obviamente rechazaron.

 Primeramente quería volar a CDMX, pero el combustible no alcanzaría, de modo que se desviaron a Reno, Nevada. El criminal se puso el paracaídas y tomó el portafolios.

Era de noche y llovía. Nadie creyó que Cooper iba a hacer lo era obvio haría…

EL SALTO

Pero lo hizo.

Invitó a la azafata a irse a la sección de primera clase, y entonces abrió la escalerilla del avión. Dejó un paracaídas en los asientos, y saltó, cayendo en un terreno inhóspito. La única evidencia que dejó de su presencia fue su corbata negra.

El caso fue olvidado hasta una mañana de 1980, cuando un niño de 8 años jugaba a orillas del río Colorado y se encontró 5880 dólares en billetes de veinte, que ya estaban destrozados. Tras una investigación, las autoridades confirmaron que fue parte del rescate, que se cayeron en plena caída.

A lo largo de la historia, se han barajado cerca de 1000 responsables. Uno de los más sonados fue Kenneth Christiansen, pues además de ser paracaidista militar vivía cerca de la zona del secuestro y trabajó en una areolínea, pero solo son hipótesis. El pasado 8 de enero de 2021 murió Sheridan Peterson, el último sospechoso.

Si algo bueno dejó esto, fue que las medidas de seguridad aumentaron mucho en los aviones y aeropuertos. Incluso se creó el “cooper vane”, un dispositivo que impide que la escalera de un avión baje en pleno vuelo.

Actualmente, el caso de Cooper ha permeado en la cultura popular. Uno de los mejores libros del tema es “Skyjack” de Geoffrey Gray.

En la serie “Loki”, próxima a estrenarse, el personaje recrea el momento de su salto, y en otras como “Prison Break” se plantea que el aeropirata se salió con la suya. En la vida real, las autoridades han declarado que no sobrevivió al salto.

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