De niños, a todos los mexicanos nos asustaron con El Robachicos.
La figura, malévola y mítica, de un hombre harapiento que deambula por las calles de cualquier colonia y lleva un costal donde guarda a los pequeños que ha plagiado, es parte de nuestra cultura, como lo es La Llorona y el nagual.
Aunque el mexicanismo para referirse a un secuestrador de niños se ha usado desde inicios del siglo XX, fue en el México de los años cuarenta cuando el término se hizo popular, con uno de secuestros que estremecieron a la población de aquel entonces, y es conocido como El Caso Bohingas.
NIÑO EJEMPLAR
Fernandito Bohingas Lomelí era un niño perfecto de acuerdo a los cánones del México antiguo: dos años de edad, estudioso, hijo de una familia pudiente, obediente, tierno y simpático. La mañana del 5 de octubre de 1945 desapareció mientras jugaba en los límites de su casa, ubicada en la Colonia Juárez.
De inmediato, la desaparición se difundió en los medios. La foto del encantador nene salía por doquier. Fue un caso mediático que se hizo todavía más grande cuando los padres, Ana y Fernando, ofrecieron una recompensa de 5000 pesos, suma exorbitante para la época.
Lo mediático del caso animó a otras familias a hacer públicas las desapariciones de sus niños, pues en el país nunca ha existido la cultura de la denuncia. Fue así como el término “robachicos” se popularizó en radio, televisión, y los noticieros al inicio de las funciones de cine.
Gracias a la radio y a que el señor Bohingas podía pagar publicidad donde quisiera, la noche del 27 de abril de 1946 una mujer llamó al Comandante Galindo de la policía capitalina, estallando en lágrimas y diciendo que el pequeño estaba muy bien, y hasta contento. Dio una dirección y esa misma noche, arrestaron a María Elena Rivera Quiroga de 29 años. No era un monstruo, ni una asesina, solo una mujer que no podía tener hijos y quería a uno. El motivo por el que secuestró al nene fue porque los trámites de adopción eran lentos, farragosos e ineficaces. Aun así, la pena por secuestro era de cinco años y se modificó hasta 20.
Así como hoy en día Netflix, HBO y Prime nos ofrecen series y películas sobre crímenes, en la época se adaptó el caso con el título “Ya tengo a mi hijo” dirigida por Ismael Rodríguez.
PERSONAJE SINIESTRO
El impacto del robachicos ha quedado plasmado en buena parte del arte mexicano, tanto el institucional como el popular. Músicos, escritores y artistas gráficos lo han abordado. La mejor investigación del tema es de Susana Sosenki, antologada en el libro “Hampones, pelados y pecatrices” del FCE.
Una de sus imágenes más famosas fue plasmada gracias al grabado de José Guadalupe Posada, donde aparece un hombre de aspecto desagradable llevándose a una niñita, y se titula, justamente, “El Roba-chicos”. En la canción “El ropavejero” de Cri-Cri, el personaje se lleva consigo “chamacos malcriados” en un costal.
Finalmente, en la novela “Las batallas en el desierto” de José Emilio Pacheco, espantan aCarlos, el protagonista, de esta forma: Allí acecha el Hombre del Costal, el gran Robachicos. Si vas a Romita, niño, te secuestran, te sacan los ojos, te cortan las manos y la lengua, te ponen a pedir caridad”.
Es un hecho que el Caso Bohingas contribuyó a la popularización del robachicos. Eso es algo que ocurrió, ocurre y seguirá ocurriendo en todo el mundo y todas las épocas, pues la vida inspira al arte y el arte a la vida, aunque se trate de crímenes.
