“La Gloriosa Batalla de Silao” del artista local Juan Gerardo Velázquez Barrón, se gesto como el proyecto de una serie de cuadros que enmarcarán la historia del corazón de Guanajuato.
El lienzo de 4 metros de ancho y 2.5 metros de altura, enmarcado y con técnica vinil-acrílica abrillantada, fue develado el pasado 10 de agosto, recuerdo de que en 1860 se enfrentaron el liberal e insurgente durante la Guerra de Reforma.
La primera obra se colocó en la Casa Municipal a finales de julio del 2016, con motivo de una celebración más de la fundación de la ciudad.
Linea a línea Gerardo Velázquez plasmó un pedazo de los acontecimientos que se suscitaron en aquella época en la que se definió el rumbo del México de hoy.
Este resultado artístico comenzó hace menos de dos meses con trabajo día y noche. Si se tienen los cuidados necesarios, dijo, podrá prevalecer por 100 años.
MANIFIESTO DE VALENTÍA
“Este cuadro muestra una distribución de formas en que destacan por su tamaño en la parte superior, dos pergaminos con frases de González Ortega (general que encabezó a los soldados liberales), que a su vez enmarcan a tres rostros: en el centro tenemos a Don Benito Juárez, el ideólogo de la Reforma, con los generales protagonistas de esta batalla, a su derecha González Ortega y a su izquierda, Ignacio Zaragoza”.
En la mitad inferior se aprecia la panorámica de los llanos de Silao con el fondo inevitable del cerro del Cubilete, y las colinas circundantes como Sopeña, Los Rodríguez, Vallejos y al extremo derecho, la zona montañosa camino a la ciudad de Guanajuato”.
En voz del artista “es un momento durante el fragor de la batalla, con un cielo semi despejado y de variados tonos de pastizales verdes por la temporada de lluvia. Se distinguen también sembradíos con sus surcos teniendo plantas de maíz y frijol, y otros”.
EFECTO
La composición es dinámica y ondulante, creando un efecto semi envolvente.
En primero y segundo plano están asentados personajes en acción de ataque y en posición de defensa, moviéndose en diferentes direcciones.
“Es una escena emotiva en que distinguimos al abanderado de guerra, con su gesto furioso arengando, animando con su bandera liberal dramáticamente rasgada, pero enarbolada con firmeza”.
Se observan también barricadas de piedra que “obstruyen el avance feroz del rival y a la vez, protegen del fuego enemigo”.
Personajes encargados del abastecimiento de los cañones, así como una escaramuza de jinetes muy sorpresiva del grupo conservador contra los oficiales liberales de distintos rangos. “Es un evento decisivo entre dos fuerzas de efectivos capaces de actuar e improvisar sin ejercer la retirada, pues no hay más destino que afrontar”.
En lo que hoy es el fraccionamiento El Crucero y Rinconada de las Flores se asoman batallones de infantería alistados para combatir, y descargando sus fusiles y carabina.
Baterías del grupo de artillería, brigadas y elementos de caballería, así como elementos de defensa civil organizada disparando desde las ventanas de sus casas usadas como troneras, incluso corriendo por las calles en presencia y en persecución y abatimiento del grupo de conservadores voluntarios y muchos mercenarios.
UN RECUERDO
Con este cuadro se exalta permanentemente el pasaje histórico que dio origen al nombramiento merecido de Silao de la Victoria. “Es el momento pertinente para encumbrar nuestra identidad como orgullosos silabeases y colocarnos así a la altura de las circunstancias presentes, mirando al futuro pero sin perder las raíces”.
En 1860, no por casualidad, sino por estrategia militar magistral se desarrolló “una batalla que partió la historia de Silao que por ende, el rumbo del destino político y social de México”.
Benito Juárez, citó, mencionó frente a habitantes del país: “En nombre de la patria agradecida, tributo el más alto reconocimiento a los buenos mexicanos que la han defendido y a sus dignos caudillos. El triunfo de la patria, que ha sido el objeto de sus nobles aspiraciones, será siempre su mayor título de gloria y el mejor premio de sus heroicos esfuerzos”.
