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El patio fue su tumba

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Un día después de que fuera localizado el cuerpo enterrado de Sergio Osvaldo, de 27 años de edad, el único morador de la vivienda en la colonia Santa Ana AC, es un perro que sobrevivió a una cuchillada en el lomo.

Don Martín, de 50 años de edad, ingresó a la casa marcada con el 127 de la calle Monte Kenia de la colonia mencionada, para buscar a su hijo que se reunía en ese lugar.

Y lo encontró, pero estaba muerto, semienterrado, y cubierto con cal, en la finca que hoy luce completamente abandonada.

Esta casa era punto de reunión de jóvenes adictos, y hoy está más sola que nunca, con un perro malherido por único habitante.

PERRO MALHERIDO

Al ingresar este medio al único cuarto del interior de la casa, salió un perro chato, blanco, con un cordón largo de rafia atado al cuello y una larga y profunda herida en el lomo, al parecer provocada con un cuchillo, pacíficamente a recibir a reportero y fotógrafo.

Con una puerta de madera improvisada y sobrepuesta a un costado de la entrada principal, en esa casa cualquiera puede accesar.

Pero luego del macabro hallazgo nadie se atreve a hacerlo, los vecinos están observantes, vigilantes a lo lejos.

Una vez adentro, del lado izquierdo están dos camas apiladas una sobre la otra, del lado derecho dos tambos azules llenos de agua, y más adelante una mesa café llena de trastes.

Luego un cuarto también con una base de cama de madera, un colchón y la cabecera.

En toda la vivienda, desde la entrada hasta la parte trasera, hay mucha ropa y zapatos regados.

LA TUMBA EN EL PATIO

Una cortina da paso al patio de tierra, también con mucha ropa, pero lo que más llama la atención son dos cavidades, una de ellas a manera de cuadro para aljibe.

La otra grande y de forma rectangular, como si fuera un hoyo para un ataúd, tapado con una grande tabla de madera, ambos cubiertos con mucha cal, ya que fue donde fue enterrado Sergio.

A tan sólo unas cuadras, la familia del joven comenzó la velación del cuerpo que les fue entregado ayer miércoles, en su casa ubicada en la calle Monte Teide, hasta donde se congregaron familiares, vecinos y amigos.

Ahí este medio pudo cruzar sólo unas palabras con don Víctor, quien afligido platicó que luego de algunos días de no saber dónde estaba su hijo, lo primero que se le ocurrió fue ir a buscarlo a esa casa, donde lo encontró sin vida.

«Eran casi las 9 de la mañana, pero yo no supe qué pasó con mi hijo, ni cómo pasó, ni quién lo mató», platicaba don Víctor.

Hasta que uno de sus hijos pidió que este medio se retirara y dejara a su padre descansar un rato porque ya estaba agotado.

“Era mi hijo”, fueron las palabras con las que se despidió don Víctor.

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