De la risa a la reflexión, la puesta en escena “El Padre” llevó a los leoneses a experimentar los estragos del Alzheimer; sin duda quien se llevó los aplausos de la noche fue el primer actor Ignacio López Tarso.
La noche del miércoles en el Teatro Manuel Doblado, fueron interpretadas dos funciones de “El Padre”, protagonizada por Ignacio López Tarso, Lucero Lander, Víctor Noriega, Ericka Buenfil, Sergio Basañez y Adriana Nieto.
Basada en el texto del dramaturgo Florian Zeller, “El Padre” cuenta la historia de “Andrés”, interpretado por Ignacio López Tarso, personaje de edad avanzada que poco a poco pierde sus recuerdos, la confusión lo agobia, los días nunca son iguales y su vida tampoco tiene secuencia.
El publico tuvo la oportunidad de sentirse envuelto en la historia, gracias al trabajo de los actores y el resto de la producción, ya que hubo algunos elementos que destacaron de la puesta en escena para transmitir la sensación de nostalgia, tristeza, ingenuidad, ternura, olvido.
El experimentado Ignacio López Tarso, con sus 93 años encima, encarnó a la perfección su personaje, llenó se rasgos particulares que denotaban cierta ternura, ya que había momentos en los que su problema con el Alzheimer lo hacía actuar de una forma infantil e ingenua, o en contraparte, en otros momentos se portaba de una forma gruñona.
La confusión de los rostros entre las personas que formaban parte del entorno de “Andrés”, era recurrente, incluso el público quedaba un poco confundido cuando esto pasaba, aspecto que transmitía a la perfección lo que el protagonista estaba viviendo.
La iluminación, el sonido de las manecillas del reloj, las voces que se desvanecen en el espacio, todo se conjugaba para que la gente se conmoviera con lo que pasaba en el escenario.
Una de las mejores imágenes que quedará en la memoria de los espectadores, es la figura de Ignacio López Tarso sentado bajo la oscuridad, cobijado por la luz del reflector, con actitud serena, esperando a que el tiempo pasara para su personaje.
Conforme pasaban los minutos, la situación se tornaba confusa, los recuerdos de “Andrés” desaparecen, de igual forma los muebles que formaban parte del lugar, ya no estaban; para “Ana”, la hija del hombre en cuestión, la situación se tornaba difícil, en especial en su matrimonio, al final, la mujer termina por ceder a la recomendación de su pareja: internar a su papá en una clínica especializada.
El tiempo para “Andrés” era subjetivo, los recuerdos eran repetitivos, otros quedaron en el olvido, los muebles desaparecieron y él, quedó recostado en la cama de una habitación en una clínica repitiendo la palabra “mamá”.
El telón se cerró y el aplauso del público sonó fuerte, la gente se puso de pie cuando Ignacio López Tarso apareció en el escenario para despedirse. Fueron dos horas de una historia conmovedora bien interpretada.
