
La tecnología, sin duda, ha sido uno de los mayores beneficios que ha tenido la humanidad; impulsando el desarrollo social y la resolución de problemáticas de toda índole. En menos de 100 años, los seres humanos hemos dado grandes pasos en comparación a los últimos dos mil años. Sin embargo, este mismo impulso solo demuestra la necesidad de límites en el complicado equilibrio de la innovación y el respeto de las garantías individuales y colectivas de las personas.
Fue hace poco más de 80 años que Orwell, adelantado a su tiempo, contempló las posibilidades de que gobiernos fascistas tomaran el control absoluto sobre la sociedad, desde la corrupción que lleva a los gobernantes a ser autoritarios, hasta un gobierno que constantemente vigila y tiene noción de cualquier acción o pensamiento que debe tener el pueblo.
Novelas que proyectaban distopías con el avance político y tecnológico que iba ocurriendo en aquel entonces, siendo incluso llamadas fábulas satíricas de lo que ‘podría’ ser el declive de ciertas organizaciones políticas.
Estos escritos han servido para comprender los problemas políticos y sociales que se tendrían al ir evolucionando la tecnología, pues, esta tuvo una gran proyección, creando y trayendo a la realidad artefactos o conceptos que antes solo cabían en el imaginario de películas, series o libros.
No cabe duda que estas mejoras han ayudado a la humanidad a sobrellevar los nuevos problemas o a facilitar acciones que antes eran más complicadas, optimizando trabajos o mejorando las posibilidades de salud y calidad de vida.
El problema es, como en todo lo que hace el ser humano, que no contemplamos las complicaciones o situaciones de riesgo que conllevan estos avances; desde la dependencia a estas nuevas mecánicas, hasta la pérdida de datos o información que implican algunos procesos.
La manipulación de datos personales siempre ha sido un problema en la sociedad, desde WikiLeaks, hasta el caso Guacamaya Leaks en México. Si ya que las empresas tengan poder en tu información es un tema complicado, ahora, que el gobierno sea parte de esto y pueda recabarla y usarla en todo momento supone una preocupación constante, pues, siendo realistas, los gobiernos no son como en las películas y menos en México, dónde las filtraciones están a la orden del día.
De aquí es donde parto para introducir a la proclamada ‘Ley Espía’, una ley de telecomunicaciones que buscará establecer, en primer lugar, una base de datos de usuarios, implementando y presuponiendo el uso de datos biométricos, los cuales ya van a ser necesarios e incluso obligatorios como sistema de identificación oficial en el país con el famoso CURP Biométrico.
Ahora, para aquellos que defienden a la tecnología y sus beneficios en la sociedad, déjenme decirles que tienen razón; sin embargo, el tema en discusión no es la tecnología per se, ya que algo inanimado no puede poseer un juicio moral, sino que es el uso que se le da antes, durante y después, el que resulta conflictivo.
Ejemplo de ello y el problema es quién puede acceder a esa información y por qué, pues resulta que existen antecedentes donde los motivos no son muy claros o que estos se revelan ya después de haber accedido a la información.
Esto lo traigo a colación porque los diputados aseguran que sí y solo si, la información sería recabada y utilizada cuando un juez autorice y externe una orden para acceder a estas metodologías, donde el gobierno y sus unidades de seguridad podrán tener a la mano tus datos biométricos y geolocalización a través de dispositivos, cuentas etc., inclusive acceso a redes, mensajes, llamadas y demás recursos que faciliten tu ubicación.
La belleza que supondrían estos avances es seguida con el terror que implica que el gobierno tenga acceso a estos medios, pero como dije, no es el qué, sino el quién.
Con la controversia actual entre el gobierno y la sociedad por los casos de censura que enfrenta el país, ahora resulta conveniente tener acceso a estas herramientas que faciliten el rastreo de estos detractores y con ello su detención o desaparición.
Desde que un presidente tenga el poder para evidenciar en televisión nacional la información fiscal de un ciudadano periodista, hasta los famosos levantamientos a periodistas y políticos opositores, resulta que no todo está ‘fríamente calculado’, pues ni el gobierno ni el pueblo está educado o preparado para lo que implica este cambio.
Si no puedes garantizar el acceso a las telecomunicaciones a todos tus ciudadanos, cómo planeas que la gente se familiarice con lo que significa la responsabilidad de sus datos biométricos; si no puedes establecer un buen sistema educativo, cómo aseguras que la ciudadanía comprenda estas herramientas y su proyección.
Siendo sincero, no me preocupan mucho las acciones que este gobierno logre hacer con estas estrategias autoritarias, pues, como todo proceso político, la era de Morena parece llegar a su fin, y sus ídolos se convierten en figuras sin acción ni don. Claro, algún provecho sacarán de lo que hacen, algún daño terminarán de hacer con todo esto, pero aun así, no se dan cuenta del porvenir que nos aguarda.
Como dije, no es el qué, sino el quién. Hoy es Morena, pero mañana podría ser otro partido, otro político, otro ídolo; lo que es indudable es que el ‘Ojo que todo lo ve’ seguirá ahí, esperando ser usado y quienes lo pagaremos seremos nosotros.