Las tribunas de La Martinica atesoran una historia de “aficionados de buena cepa” que hicieron de los domingos de fútbol, todo un ritual.
En las décadas de los años cincuenta y sesenta, vivió su época de oro entre coloridos pasajes y un ambiente de fraternidad.
“Tortas tortas…”, gritaba el afamado “Emociones”, un pintoresco personaje conocido y reconocido por la afición, quien no solo traía el sabroso lonche, sino que también vendía quinielas “pa ´l gol”. Pocos sabían su nombre, pero su peculiar apodo representó para muchas generaciones de aficionados parte del “sabor” de un domingo de fut.
“Cheves, unas cheves para acá. Cubetero”, gritaba un aficionado aquí, otro allá para atraer la atención de Perico Durán, el cervecero de siempre.
“Va la quiniela Pa´l gol”, gritaba en la tribuna de sombra el buen amigo Pastor, con su peculiar personalidad y su siempre atenta manera de atender a sus clientes.
“A ver, ahí va una porra… a la bio, a la bao, a la bim bom bao, León, León, ra ra rá”, con sonora voz avivaba a la tribuna el popular y estimado “Gargantilla”, Jorge Hernández Ornelas.
“Todavía hay boletos, cuántos, cuántos” gritaba el boletero Luis Gaona, “soles, soles, sombras, sombras, cuántos”. Luis no solo fue el boletero de muchos años, sino también dirigente del sindicato de taquilleros, todo un personaje.
Y ahí, en la famosa “jaula”, que correspondía a la tribuna de sombra central, los aficionados de siempre ocupaban su inamovible lugar; Indalecio, Candelario y Jesús Andrade, don Max, Florencio Quiroz, Primo Quiroz, Ricardo Hernández Sorcini, Nacho Madrigal… tantos, todos aficionados de hueso verde que hicieron de su espacio en La Martinica, una extensión de su personalidad.
Allá en la tribuna de sol aficionados que nunca fallan, como los elementos de la porra de Calzado Blasito, una de las empresas pioneras en impulsar a sus obreros en el ambiente deportivo.
Junto a la afición de años, numerosos niños que no perdían un solo detalle de las incidencias en la cancha y la tribuna, y registraban en su mente los nombres de los jugadores, su estilo, su forma de juego… Los niños, el ingrediente infaltable para un buen domingo de fut.
Por allá, entre las tribunas de sol asomaba el marcador colocado en una esquina, junto al banderín de córner “León (local)” y “visitante”, cerca de la columna de aficionados que poco a poco ocupaban las áreas centrales, o de la cabecera, atrás de la portería del lado del Malecón.
Claro está, ameritaba llevar una buena dotación de tortas, muchas compradas en la caseta del Indio Triste o las sabrosas tortas de lomo de Don Balta, ahí cerca del Arco de la Calzada.
Había que llevar la dotación para cuatro horas, porque obligaba llegar a las 10 de la mañana para ver el partido preliminar de los reservas, para luego pasar, a las doce del día, al encuentro estelar.
Las casi verticales tribunas de La Martinica, “como bardas” -como las describían los aficionados, permitía que desde cualquier ángulo de la tribuna se observara con excelente panorámica el partido, “hasta los aficionados parecían caer hacia la cancha”.
Los jugadores pasaban hacia los vestidores por las mismas puertas de acceso a “sombra” de los aficionados, una convivencia fraterna, cordial…
1955, PROPIEDAD DEL CLUB
Corría el año de 1955, cuando el flamante parque deportivo se convirtió en la casa oficial del equipo esmeralda, con la compra que hizo el Club León a don Alfonso Guerra, fundador.
Ese año, los directivos del Club León encabezados por don Juan Ramón Rico, lograron que el majestuoso parque se convirtiera en la cueva oficial para la feria.
Una histórica fotografía facilitada por el aficionado e historiador del equipo León, Primo Quiroz Durán, proyecta al equipo de futbolistas de pantalón largo que hicieron posible esta transición: de pie y de izquierda a derecha Ricardo Hernández, Gustavo Rodríguez, Sebastián Martínez, Adolfo Gómez Hernández, Juan Ramón Rico, José Guadalupe Durán, Ignacio Madrigal, doctor José Castro, Rubén Cabrera. Sentados, de izquierda a derecha: José Serra, Alfonso Álvarez, Carlos Gutiérrez, Arturo Guedea Larios, señor Zermeño, Irineo Durán (axalcalde leonés) y don Antonio Battaglia.
Entonces, La Martinica iniciaba su trayectoria como sede de trepidantes encuentros de fútbol que protagonizaron míticos jugadores cuyos nombres hoy se encuentran escritos con letras de oro en las vitrinas del Club León.
En esa etapa de los años cincuenta, el León sumó a los entrenadores Antonio López Herranz y Alfonso Montemayor, dos grandes técnicos que llevaron a la cúspide el nombre del León, con jugadores como Oswaldo Martinoli, Conrado Muñiz, Antonio “Tota” Carbajal, Vilazio, Ahumada I y Ahumada II, Cisneros, Mulo Gutiérrez, Manuel “Pachuco” López, Jim Olivares, Claudinor Barbosa, Jerónimo Di Florio…
LA TRANSICIÓN
Diez años después, La Martinica se preparaba para una transición que escribiría un nuevo capítulo en su historia: El equipo León estrena el funcional y mundialista Estadio León.
Corría el año de 1965 cuando directivos del Club León encabezados por don Alfonso Sánchez López, Guillermo Liceaga, Perico Pons y Manuel Ortega Barroeta (+), impulsaron la construcción de un moderno coso futbolístico para la ciudad,.
Se avecinaba el mundial de futbol México 70 y la ciudad de León sería subsede del cotejo internacional, siempre y cuando tuviera un estado mundialista. La Martinica no reunía los requisitos.
Con el apoyo del Gobierno del Estado, se levantó el moderno Estadio Nou Camp, y entonces, el equipo diría adiós a la sede que ocupó por diez años.
Allá por el año de 1964, antes de un entrenamiento los directivos pasaron al centro de la cancha de La Martinica para anunciar la construcción del estadio. El grupo estuvo encabezado por don Alfonso Sánchez López, flanqueado por grandes aficionados e impulsores del fútbol leonés, entre ellos José Castro, Pedro Pons, Guillermo Liceaga Díaz Infante, Roberto Solís, Manuel Ortega Barroeta, Paco Hernández, Ramiro Castro y Paco Obregón.
LOS NUEVOS AIRES
No, con el cambio de sede del equipo León, La Martinica no había contado su último capítulo.
Vendría una nueva época, la del Unión de Curtidores, el aguerrido equipo que jugaba en la Segunda División.
Los aficionados presenciaron numerosos encuentros vespertinos del “Unión”, con grandes futbolistas que, en los albores de la década de los años setenta, hicieron la hombrada de subir a la primera División.
“¿Se imaginan un partido entre el León contra el Unión?”, era la recurrente pregunta entre los aficionados que visualizaban un clásico, con la fortuna de verlo jugar en La Martinica.
Y sí, se llegó el día en que el Curti pasó a ocupar los primeros planos del fútbol mexicano en los primeros años setenteros cuando el Unión trajo entre sus filas a jugadores como Oribe Maciel, quien con un gol anotado al América en su primer partido primer divisionista despertó un alarido que todavía retumba en los tímpanos de los leoneses.
Fausto Vargas, José Luis Lugo, Hugo Dávila, Comeuñas Sánchez, Guillermo “Puskas” García, Mario Cuevas, Jaramillo, Pio Tavaré, Juan Carlos Czentoricky, Héctor Mario Beltrón… algunos de los nombres y renombres.
EL ÚLTIMO ALIENTO DE UN GRANDE
Vendría la época de los años ochenta, entre esporádicos juegos del equipo Búfalos de Segunda División, así como uno que otro festival de espectáculos y torneos deportivos.
Hoy, con más de sesenta años de vida, La Martinica “ya no puede más”, sus tribunas se resisten a permanecer de pie.
Sus dueños han decidido dar otra vocación al flamante espacio.
Esas, sus ruinas, hoy están en peligro de caer, hasta un “árbol” ha crecido sobre el cemento de la tribuna de sol.
La Martinica, ya no puede más. Agoniza.
El coloso podría caer en cualquier momento, si no lo hace la mano de hombre, caerá por su propia debilidad.
Sus ancestrales muros parecen atesorar el grito de “¡goool!”, como su último hálito de vida.
