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El juego del Diablo

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La leyenda de la “Calle del Truco” es sin duda una de las más increíbles.

Al parecer, en la antigua “Calle de los Guadalajareños”, había una casa que funcionaba como club social, donde las clases más altas se juntaban a jugar y apostar, entre otras cosas, al “truco”.

Como todo lugar de estas características, la cantidad de historias ocurridas aquí son incontables, pero destaca una sobre el resto.

El desafío

La leyenda tiene como protagonista a Martín, un adinerado jugador cuyo éxito conocía todo el poblado.

Una noche, en la “casa del truco”, ingresó un misterioso forastero con excéntricas ropas. Martín no dudó en desafiar al visitante quien aceptó inmediatamente el reto.

Frente a frente, la partida de truco comienza, y poco a poco Martín pierde sus riquezas y propiedades.

Impulsado por la ambición y el orgullo, sigue retando al misterioso hombre que gana absolutamente todas las partidas.

Ya en la ruina, el forastero se acerca a Martín y le dice susurrando que hay algo que todavía no apostó.

Martín, al entender que se refería a su mujer, una bella joven con quien ya tenía un hijo, montó en cólera y se retiró a su casa.

A la noche siguiente, sin nada que perder, volvió a enfrentar a este misterioso personaje, que lo esperaba allí sentado para la última de las partidas.

La tensión se respiraba en cada rincón de la casa, pero las cartas ya estaban echadas, y Martín volvió a perder la partida.

La lección

Y fue allí, al mirar a su contrincante de frente, cuando lo entendió todo.

Sus ojos rojos, y su astucia en el juego, no podían provenir más que del propio Diablo.

Temeroso, corrió hasta su hogar para poner a salvo a su amada, pero al llegar ya era tarde.

El demonio se llevó lo que ganó, y Martín, condenado en vida por su ambición, decidió suicidarse.

A partir de entonces, la “Calle de los Guadalajareños” cambió su nombre por la “Calle del Truco”, en honor a esta casa de juegos y las historias, como la de Martín, que allí se dieron.

Los locales, dicen que cada tanto se suele ver a un extraño que deambula, de rincón en rincón.

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