Abundan las series sobre adolescentes que de un segundo para otro comienzan a trabajar para policías federales y a arrestar delincuentes, infiltrándose en los más peligrosos grupos criminales. A primera vista parece una ficción, pero hay casos que superan a toda realidad, como lo es la historia de Richard Wershe Junior, quien a los 14 años se convirtió en colaborador del Buró Federal de Investigaciones (FBI) desmantelando grupos de narcos en el Detriot ochentero.
Richard Wershe nació en 1969 en Detroit, Michigan; y creció en el entorno ultraviolento de esta ciudad a mediados de los años ochenta, que queda plasmado en varias películas de la época como “Robocop”. Desde pequeño la precariedad se le hizo algo completamente normal: se juntaba con pandilleros afroamericanos (por lo que se ganó el apodo de “White Boy”, “Morro blanco”) y su padre se dedicaba a traficar con armas.
En 1984, la primera dama de Estados Unidos, Nancy Reagan, llevó a cabo una campaña contra las drogas, por lo que el FBI quería quedar bien desmantelando cuanta pandilla y cártel tuviera enfrente, por eso vigiló a Rick y le pidió que se convirtiera en su agente infiltrado cuando acababa de cumplir 14 años.
El método era simple: los agentes le darían cocaína y él debía venderla. El objetivo del FBI era no solo desmantelar pequeños cárteles, sino desenmascarar a altos funcionarios. Poco a poco, Rick recibía droga de venta controlada e iba por las calles de Detroit ofreciendo crack y cocaína. El nombre de “White Boy” resonaba en todos los rincones del bajo mundo, como el de un narco adolescente… cuando en realidad servía a la justicia, teniendo un mapa de todas las casas de seguridad de Detroit. Ganaba hasta 4000 dólares en una semana, que le dejaban quedarse.
Pero no todo era perfecto.
En primer lugar, aunque su padre era un delincuente, odiaba las drogas, y en segundo, Rick se enemistó con pandillas rivales. En 1985 la pandilla de los Curry entró a su casa, disparando a su estómago e hiriéndolo de gravedad. El pobre Rick quedó dializado sin saber que sus problemas apenas comenzaban.
Cuando el FBI logró sus capturas, dejaron de utilizar sus servicios. Como no tenía ni estudios ni cultura, Rick hizo lo único que sabía hacer para sobrevivir: vender droga. Quizá sin quererlo, el FBI había creado a un pequeño criminal. Sin el apoyo de los federales, en poco tiempo fue capturado por la policía y encarcelado.
El padre de Rick fue hasta el FBI a reclamar, pero los agentes a cargo, Alex Snyder, Mel Jackson y Frank Bird, fieles a su papel, negaron todo vínculo. La historia auténtica de Rick no se conocería sino hasta décadas después.
Rick fue encerrado durante más de 30 años, y no salió libre sino hasta 2007, pero con serias restricciones y libertad condicional. No fue sino hasta el 20 de este mes que fue completamente libre, con 51 años de edad y una vida desperdiciada.
Digna odisea de una película o una novela policiaca, de este “Morro blanco” mucho se ha escrito y filmado. Un interesante libro es su autobiografía, titulada “My years as a teenage drug informant for the FBI”.
Hay un documental en Netflix, titulado “White boy” y una película del mismo nombre con Matthew McConaughey como el padre de Rick, quien en una escena dice a su hijo: “Te sorprendería lo fácil que es equivocarse de ruta aunque el camino sea corto”… no puede ser más cierto.
