
Las historias de espías siempre han fascinado a la gente, desde las películas y novelas protagonizadas por el agente 007 hasta la saga de Jason Bourne. Sin embargo, en la vida real se trata de un crimen de estado penado en muchos países, aunque muchas de las acciones de los espías tiendan a ser loables.
Esta semana, recordaremos uno de los casos más importantes de la historia, que en muchos sentidos cambió la estructura del mundo.
Durante la Guerra Fría, la CIA usaba varios métodos para reclutar espías, pero uno de los más destacados fue la llamada técnica ‘M.I.C.E.’ (acrónimo de Money, Ideology, coercion and ego, o dinero, ideología, coerción y ego) bajo estos cuatro conceptos, cualquiera se arriesgaba y se venía de las formas más insólitas posibles.
Tal fue el caso de Greville Wynne, un destacado empresario inglés que solía viajar a Rusia durante los años de la Guerra Fría, en los años sesenta. La MI6, servicio de inteligencia británica, lo reclutó para que fuera quien llevase información a su país, teniendo como contacto a un coronel de nombre Oleg Penkovsky, quien trabajaba para el Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas de la Unión Soviética, y por tanto, tenía acceso a información altamente secreta.
Penkovsky parecía ser el típico soldado respetuoso y sumiso al régimen socialista, así como un padre y esposo responsable, pero en realidad, le guardaba muchísimo rencor al entonces presidente soviético, Nikita Jrushchov, a quien consideraba un auténtico riesgo para el mundo.
Poco a poco, Penkovsky iba a su trabajo y a escondidas, tomaba fotografías de los planos del armamento nuclear soviético, valiéndose de una cámara miniatura, luego guardaba los microfilms en cajetillas de cigarros. Se quedaba de ver con Wynne para que le pasara toda la documentación necesaria, quien viajaba de vuelta a Londres, para entregar información esencial. Entre los documentos más valiosos estuvieron los manuales de funcionamiento de los misiles soviéticos SS-4.
Ambos llegaron a contrabandear más de 5000 documentos militares altamente secretos, convirtiéndose 2 agentes esenciales del bloque capitalista. Quizá sin planearlo cambiaron los tiempos de la Cortina de Hierro.
LA CAPTURA
Para octubre del año 1962 ocurrió la Crisis de los Misiles en Cuba, cuando, debido a la instalación de misiles soviéticos en dicha isla, la guerra nuclear estuvo a punto de estallar y literalmente, el mundo pudo ser destruido…pero la información de Penkovsky fue crucial para gestionar la crisis política.
Sobre este tema se ha escrito mucho al respecto. Hay quienes dicen que el coronel ruso no fue un héroe, sino un hombre con un ego enorme que odiaba a su presidente y su gobierno porque nunca lo ascendieron. Hasta el momento, el debate sigue en pie.
Fue durante ese mismo mes de octubre, que Penkovsky y Wynne fueron descubiertos. Las consecuencias fueron funestas. Mientras que el soviético fue arrestado en su casa, el empresario inglés se le detuvo en el aeropuerto, a punto de salir de la URSS.
El inglés fue encerrado en una horrible prisión rusa, y condenado a 8 años de cárcel, pero para su fortuna solamente cumplió 18 meses, gracias a un acuerdo de intercambio de rehenes entre los respectivos países. Murió en febrero de 1990. Tuvo la fortuna de vivir para ver la caída del muro de Berlín.
A Penkovsky le fue peor, pues estaba incurriendo en alta traición. Se le condenó a muerte, siendo ejecutado el 16 de mayo de 1963.
¿Criminales de estado o héroes? Sobre el tema se ha escrito y filmado mucho. Un ejemplo es la novela ‘La casa Rusia’ de John Le Carre, y la película ‘El espía inglés’, con Benedict Cumberbatch en el papel de Wynne.
Este mes de agosto se conmemoran 80 años de las bombas atómicas que cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki. Sin duda, la anécdota del coronel y el empresario es una excelente forma de recordar aquellos años de la Guerra Fría.