jueves, agosto 27, 2026
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El debate no apela a la razón

El día de hoy se llevará a cabo el segundo debate entre los contendientes por la Presidencia de la República. Estos ejercicios son útiles para poder echar un vistazo a las ideas y propuestas de los candidatos, para apreciar la forma en cómo se desenvuelven; y para probar su tolerancia a los ataques y críticas de los oponentes. Hace un par de semanas, en el marco de la clausura de la Asamblea General Ordinaria de la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas, el presidente Peña Nieto invitó a los mexicanos a votar utilizando la razón y no la víscera. Pues bien, el debate es un buen alimento para la razón, pero también contendrá elementos que alimentarán nuestro subconsciente.

En un artículo publicado por la BBC, titulado, “La psicología secreta del voto”, afirma que todas nuestras decisiones están influenciadas por nuestro subconsciente. Nuestras emociones, prejuicios y contexto de vida, son elementos fundamentales, que nos llevan a tomar decisiones que, aunque consideremos racionales, en realidad no lo son tanto. Por ello debe entenderse que no puede separarse la razón de la emoción. Inclusive puede afirmarse que no existen las decisiones racionales. Para muestra de ello, hay que mencionar a los premios Nobel Richard Thaler y Robert Schiller, quienes se hicieron acreedores al mismo, por sus contribuciones al entendimiento de cómo las personas tomamos decisiones.

Para entender la importancia de apelar a la emoción, en un artículo firmado por el psicólogo Tim Gohmann, se explica la razón por la cual Donald Trump es ahora presidente de los Estados Unidos. Mientras algunos sectores reprobaban que Trump hablara con desprecio de los inmigrantes, que tuviera algunos comentarios racistas y misóginos, lo que el entonces candidato en realidad estaba haciendo, era conectarse con su votante meta: hombres sin educación y provenientes de la clase trabajadora. A Trump no le interesaba empatizar con ningún otro sector. Y al conectarse con su votante meta, Trump plantó la idea de que, solamente él, tenía la solución a las injusticias que azoraban a esta clase trabajadora. ¿Le suena familiar a lo que ocurre en nuestro país?

Ahora bien, regresando al debate, el mismo texto de la BBC nos dice que, aunque el elector podría estar escuchando los mensajes de los candidatos, hay otros factores que pueden tener un impacto en la decisión que se tome el primero de julio. Por ejemplo, en el debate para la elección de 2008, en los Estados Unidos, aquellas personas con elevados prejuicios raciales serían menos propensas a votar por Barack Obama, aunque su habilidad discursiva pudiera demostrar su capacidad como candidato. Este concepto puede aplicar a la percepción que se tiene de los candidatos sobre su extracto socioeconómico, su nivel educativo, su experiencia profesional. Los mensajes de los candidatos pasan entonces, a un segundo plano.

El debate será motivo de análisis por aquellos más interesados en escuchar y contrastar propuestas e ideas. Pero hay que admitir que, cada candidato, habla a un público en particular. En el caso de AMLO, su mercado meta no se encuentra en aquellos que verán este ejercicio. Quizás de ahí que se muestre aburrido con su participación. Sin embargo, sugiero estar pendiente de aquello que va más allá de los mensajes verbales de los candidatos.

gituartem@gmail.com

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