Estamos iniciando el 2021 y hasta el momento, la pandemia del coronavirus sigue siendo un grave riesgo y un constante tema que a todos nos preocupa. Sin duda alguna, ha permeado todas y cada una de las actividades humanas: educación, ciencia, economía, historia, arte y por supuesto, crimen.

El tema es tan extenso, que incluso Wikipedia tiene una entrada al respecto: “Impact of the COVID-19 pandemic on crime”. Incluso, la Universidad de San Diego (USD por sus siglas en inglés) publicó en su página web dedicada a investigaciones, un estudio sobre el crimen en México titulado “USD’s Justice in Mexico releases 2020 Organized Crime and Violence in Mexico Report”.

Lo cierto es que nadie puede escapar del coronavirus, ni siquiera los asesinos que lograron evadir a la justicia durante años. Tan solo en 2020 murieron cuatro a causa del covid-19. Uno de ellos incluso ha cobrado fama nuevamente a raíz de un documental producido por Netflix. Hablo de Peter Sutcliffe, el Destripador de Yorkshire, uno de los asesinos en serie más espantosos de Gran Bretaña. Después de asesinar a 13 mujeres y agredir a otras siete, la mayoría trabajadoras sexuales, fue capturado por la policía inglesa y sentenciado a cadena perpetua, pese a que muchos intelectuales ingleses apelaron por darle un castigo más severo.

Tras aterrorizar el norte de Inglaterra y tener una conducta abiertamente misógina, Sutcliffe murió a los 74 años porque rechazó el tratamiento al contraer coronavirus. Al respecto, el director de comunicación social del Primer Ministro británico declaró: “nada borrará el mal que hizo”.

Pero no todo ocurrió en Inglaterra. Otro caso fue el de David Owen Brooks, quien aterró a los residentes de Houston, Texas, en los años setenta. Después de asesinar a cerca de 28 niños en triunvirato con Dean Corll y Wayne Henley, pasó el resto de su vida en la prisión de Galveston. Tenía 64 años cuando contrajo el virus en junio del año pasado.

La prisión de San Quintín es uno de los centros penitenciarios mejor resguardados del planeta, pero ni el guardia más audaz pudo detener al coronavirus. En julio, cuando fue uno de los más altos picos de contagios, hubo un brote tras las rejas que causó la muerte de 8 asesinos y violadores, entre ellos Scott Erskine, quien después de asesinar a sangre fría a dos niños, fue condenado a muerte. Fue condenado a la inyección letal, pero contrajo el coronavirus en el pasillo de la muerte. Sobre el brote en la prisión, Nancy Skinner, senadora demócrata, declaró lo que muchas autoridades coinciden en todo el planeta: “siento que no se lo han tomado en serio”.

Pero no todo se limita a países de habla inglesa. También en Italia está Donato Bilancia, quien mató a 17 personas. Tenía 69 años cuando contrajo covid-19 y falleció.

Otro caso reciente es el de Romell Brom, quien fue condenado a muerte por violar y asesinar a Tryna Middleton, una adolescente de 14 años. Al no encontrar una vena lo bastante fuerte para que le inyectaran la solución letal, se salvó… sin embargo, contrajo coronavirus y dejó este mundo el 28 de diciembre. La madre de Tryna confesó sentirse un poco aliviada.

Hasta el día de hoy, la pandemia sigue en pie. Todos debemos cuidarnos tanto del crimen como del covid-19. A ambos les debemos guardar sana distancia.

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