
El verdadero nombre de Gottlieb fue Joseph Scheider. Nació un 3 de agosto de 1918 y estudió química. Desde joven fue un hombre brillante que se graduó con honores e incluso obtuvo doctorado, por lo que en los años cincuenta llamó la atención de la CIA, quienes lo reclutaron. En poco tiempo llegó a ser jefe de la División Técnica de esa, la más poderosa agencia de espionaje estadounidense.
Aquí es cuando la historia se empieza a oscurecer.
Para el periodista, escritor y académico Stephen Kinzer, autor de ‘The poisoner in chief’ (quizá la mejor investigación sobre Gottlieb) y el periódico inglés Daily Mail, fue “el torturador más prolífico de su generación” y un científico loco más en el estilo del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
Durante la Guerra Fría, se buscaba tener control total de todo por encima de la potencia rival, de modo que se ordenó a Gottlieb realizar experimentos para dominar la mente humana.
EXPERIMENTOS
Gottlieb dirigiría, entre otros proyectos, el MK Ultra, que pretendía controlar la mente humana. Se pretendía crear una droga para obligar a cualquier ser humano a decir la verdad. Pero la cosa no acabó allí, con sus experimentos, muchas personas fallecieron y otras fueron tratadas sin su consentimiento. Durante el conflicto de Vietman, en una cárcel clandestina de Saigón trepanó el cerebro a presos para aplicar electrodos a su cerebro. Su plan era destrozar la psique humana para que sus ‘conejillos de indias’ aceptaran pensar lo que él quisiera. Para lograr sus fines contrató “[…] químicos obsesionados, espías despiadados, torturadores siniestros y médicos nazis fugados”, como apunta el ya citado Kinzer. La tortura, el aislamiento, la humillación, la privación del sueño era su estilo de ‘tratamiento’.
Gottlieb experimentaba con espías y presos, administrándoles LSD en contra de su voluntad. En una cárcel de Atlanta les inyectó este ácido lisérgico con la mentira de que les trataría la esquizofrenia. Con el ‘Proyecto Alcachofa’. Un documento fechado en 1952 define su macabro objetivo: “¿Podríamos hacer que un individuo se olvide de las leyes más fundamentales de la naturaleza, es decir de su preservación?”.
Incluso, se le pidió asesoría para desprestigiar a Fidel Castro. El químico ideó administrar talio en sus zapatos para que se le cayera la barba (rasgo esencial del cubano), pero su plan jamás cuajó y quedó como una anécdota, aunque siempre fue un excelente padre y esposo.
Sidney era un criminal de nula ética científica, pero siempre fue inteligente. Cuando fue nombrado director de servicios técnicos de la CIA, destruyó más del 80% de los documentos que lo incriminaban. Por eso nunca estuvo ante la justicia (aunque sí compareció en el Congreso de su país de 1975 a 1977), y años después saldrían sus trapos sucios al sol. Murió tranquilo en 1999. Kinzer señala que sus experimentos han sido “el esfuerzo más marcado en la historia por controlar la mente”.
Aunque los experimentos de control mental de Gottlieb nunca funcionaron, sí inspiró varias novelas, series y películas. El Proyecto MK Ultra se menciona en ‘Stranger Things’ y en la novela ‘Ojos de fuego’ de Stephen King se toman unos elementos. Bien dice el autor, en dicha obra: “El mundo, aunque está bien iluminado con bombillas y luces de neón, todavía está lleno de rincones oscuros y grietas inquietantes”.
Nada define mejor la vida y obra de Sidney Gottlieb.