Inicio Local El árbol que León no olvida

El árbol que León no olvida

0

Durante décadas, el Laurel de la India de la glorieta de Mariano Escobedo y Hermanos Aldama fue parte del paisaje cotidiano de León. Su tamaño lo convirtió en referencia para quienes vivían, trabajaban o transitaban por la zona.
El sábado 6 de septiembre de 2014, una fuerte tormenta derribó 33 árboles en distintos puntos de la ciudad y provocó daños en vehículos, postes y bardas. Entre los árboles que cayeron estaba aquel Laurel de la India que, de acuerdo con vecinos, llevaba décadas en la glorieta.
Dos días después, El Heraldo de León informó sobre los daños provocados por la tormenta. Entre ellos quedó registrada la ausencia de un árbol que durante años había formado parte de la vida cotidiana de los leoneses.
Ignorar su presencia era prácticamente imposible. Su tamaño y ubicación servían para ubicar negocios, domicilios y hasta para dar indicaciones. “Vamos a la glorieta del árbol” era suficiente para saber de qué lugar se hablaba.
Han pasado 12 años y las nuevas generaciones crecieron sin aquel ejemplar. Sin embargo, entre los vecinos de San Nicolás y la Andrade permanece la memoria de un árbol que llegó a superar los 15 metros de altura.
Miguel Ángel, cuyo negocio de mantenimiento de motocicletas se encuentra a pocos metros del sitio donde estuvo el Laurel, lleva alrededor de 30 años trabajando en la zona. Recuerda que durante la administración del entonces alcalde Vicente Guerrero Reynoso, entre 2006 y 2009, se habló de retirarlo por su edad y dimensiones, pero los vecinos se opusieron.
“Lo quería tumbar porque ya estaba estorbando, porque el árbol ya estaba viejo y todo eso. Se murió primero él que el árbol”, recuerda.
El árbol sobrevivió a aquella intención, pero no a la tormenta de 2014.
Ese día, después de los fuertes vientos y la lluvia, los vecinos escucharon un estruendo. El Laurel había caído sobre una camioneta en la que viajaban una pareja y su bebé. Personas de la zona acudieron para auxiliarlos y lograron sacar a la familia.
Después comenzó el retiro de los restos.
“Nos quedamos viéndonos, unos a otros y dándonos ánimos: pues sí, lo que más de 50 años duró ese árbol se acabó en dos días, tres días”, recuerda Miguel Ángel.
Mientras retiraban los restos, algunos vecinos conservaron pedazos de madera. Él todavía guarda uno de aquellos fragmentos.
|“Vamos a la glorieta del árbol”
Adrián Núñez lleva 20 años trabajando en Carnitas El Carnal. Creció en San Nicolás y recuerda al Laurel como una referencia para los clientes.
“¿Dónde vive? No, pues donde está el árbol de la glorieta. Se identificaba por eso. Yo creo que era como el Arco de la Calzada. Sí representaba eso”, recuerda.
Su altura y frondosa copa hacían que pudiera distinguirse desde lejos.
“Era el árbol y lo de la gasolinera, pero más por el árbol, que llamaba mucho la atención. Desde lejos se miraba. Sí, es que era muy alto, más de 15 metros más o menos”.
Con el tiempo, la ausencia terminó incorporándose al nuevo paisaje.
“Dabas la vuelta y ya no mirabas el árbol, pero ya con el paso del tiempo te acostumbras sin verlo”, cuenta.
Un árbol que llegó por moda
El Laurel de la India, Ficus microcarpa, es originario del sur y sudeste de Asia. De acuerdo con Ricardo Ibelles, director de FURA Rescate Arbóreo, su presencia en León respondió a una tendencia de plantación durante las décadas de 1950 y 1960.
Todavía pueden encontrarse ejemplares en puntos como los jardines del Forum Cultural y el Jardín de San Juan de Dios.
Ibelles explica que la caída del árbol pudo estar relacionada con las condiciones en las que se desarrolló. El pavimento limitaba el espacio para sus raíces y, a ello, se sumaron los fuertes vientos, la lluvia y su gran follaje.
Tras retirar los restos, FURA intervino la glorieta con los permisos correspondientes y plantó diez colorines. Doce años después, seis permanecen en el lugar.
El especialista señala que los laureles de la India fueron utilizados en León porque permiten podas ornamentales y desarrollan rápidamente una copa frondosa. Sin embargo, necesitan espacio para sus raíces y, en zonas pavimentadas, pueden levantar banquetas y pavimentos. Además, requieren una cantidad importante de agua.
Por ello, actualmente se busca privilegiar especies nativas y adaptadas a las condiciones del Bajío.
En condiciones naturales, un Laurel de la India puede vivir entre 200 y 300 años, estima Ibelles, aunque en las ciudades enfrenta estrés hídrico, contaminación, plagas y constantes intervenciones en sus raíces.
Un árbol, una ciudad y una memoria
El Laurel de la India de Mariano Escobedo nunca fue un monumento oficial. No tuvo una placa ni apareció en los mapas como atractivo turístico.
Pero durante décadas estuvo ahí.
Fue punto de encuentro, referencia para llegar a un negocio y parte del paisaje que miles de leoneses vieron todos los días.
Su caída ocurrió en 2014, pero su historia permanece.
También permanece en las páginas de El Heraldo de León, que este año cumple 69 años y durante décadas ha documentado las transformaciones de la ciudad: sus calles, sus barrios y las historias de quienes la habitan.
El árbol y el periódico comparten una condición: ambos han sido testigos de un León que ya no es el mismo.
Los años pasan, las ciudades cambian y los paisajes se transforman. Pero algunas imágenes permanecen.
A veces basta con decir “la glorieta del árbol” para que quienes lo conocieron sepan exactamente de qué lugar se habla.
Porque algunos árboles terminan cayendo, pero no desaparecen del todo. Permanecen en las fotografías, en las historias de los vecinos y en la memoria de una ciudad.
Y mientras alguien recuerde dónde estaba, aquel árbol seguirá formando parte de León.

Salir de la versión móvil