Existe como base de la sociedad el conjunto formado por seres humanos, que encabezan los padres, los hijos y posiblemente más descendencia, y pensamos que la familia como tal es una oportunidad que, pensando un poquito en lo religioso, se da en la autoridad del padre y la correspondiente veneración e importancia de la madre en el hogar.
Como sucede que es muy diferente en cada familia, depende del número de hijos, pues quizá sea uno sólo o muchos; depende también de en qué situación geográfica se encuentran, por ejemplo en las grandes capitales y ciudades importantes de este mundo se diluyen los valores y aquí en México el valor de la familia como centro de unidad, respeto y planeación para actuar en conjunto con una misma ideología y respeto a los mayores se ha diluido también.
Claro que existe un respeto mínimo ocasional en el que los familiares y la misma sociedad le rinden homenaje, como es el día de la madre, el día del padre, el día del abuelo y abuela; pero en muchos hogares de México lamentablemente se ha perdido esa costumbre tradicional y vuelvo a insistir que en las ciudades pequeñas, donde hay mas conocimiento de las personas, se conservan las tradiciones que el día de la familia no es más que una tradición hermosa, pero finalmente respetable pero circunstancial y no obligatoria.
Hace muchos años se determinó que la celebración de la familia fuera el primer domingo de marzo y de ahí se ha continuado la costumbre, aunque el gobierno que fue el promotor casi ha olvidado el festejo de este día. Creo que lo más importante no son las formas, sino el fondo. La familia como tal tiene problemas de identidad, los jóvenes piensan diferente, son atrevidos y a veces no siguen conductas apropiadas; los adultos no han llevado precisamente una vida de amor integral y dan mal ejemplo con algunas adicciones; sin embargo, debía de ser importante que en esa reunión se borraran malentendidos, resentimientos y nos solidarizáramos todos en un pequeño objetivo, si no unificar forzosamente la conducta de todos, por lo menos coincidir en lo general.
Acaba de pasar un evento de grupos criminales y coincidentemente en todo México nos fuimos a recoger a las casas por recomendación del gobierno, para evitar problemas producidos por la alteración del orden y curiosamente todos fuimos a dar a la casa posiblemente paterna o bien si estaban fuera de las ciudades, se intercambiaron medidas de afecto con llamadas telefónicas y WhatsApp para preguntar por la salud y grado de peligrosidad que sucedía en la zona.
No creo que sea necesario que vuelva a suceder un hecho como el que vivimos la mayoría el domingo pasado, pero si sería bueno que el mismo gobierno y la iglesia misma celebrara este día con actos religiosos, eventos culturales y posiblemente hasta ceremonias alusivas, para resaltar que la familia del tamaño que sea y en el lugar que sea es base de la sociedad en cada uno de los lugares de nuestro querido México. El resto del mundo, que hagan lo que crean conveniente, aquí somos México y tenemos costumbres propias que queremos conservar.
Debemos de recordar que en la Iglesia se celebra la festividad de la Sagrada Familia, compuesta por José, María y el Niño Dios, que le han dado en llamar la Gran Familia de Nazareth. En todo el mundo, pero especialmente más en algunos lugares, por ejemplo, en España y aquí en todo México hay templos con el nombre de la Sagrada Familia. Recuerdo uno de los más famosos en una iglesia preciosa, de construcción clásica de gran belleza y que ha sido símbolo de la Colonia Roma, situada casi esquina con la calle Puebla, y se le llama la Sagrada Familia; su hermosura por fuera y por dentro es innegable y su tradición también. Son templos que algunos tienen cientos de años de construidos.
En España, por ejemplo, quiero recordar que conocí una Iglesia famosísima en el mundo porque la diseño un arquitecto de nombre Gaudí, que ya murió, pero construyó la mayor parte de una magnificencia extraordinaria y formas especiales que rompen cualquier estilo religioso tradicional y es ejemplo de admiración del mundo entero, sus interiores de columnas robustas hacen de su interior un ambiente de religiosidad, tranquilidad y devoción enormes. Esta Iglesia tiene cientos de años construyéndose y todavía no se termina. El frente de la Iglesia es extraordinariamente bello, con figuras de la Sagrada Familia hermosas y la torre tiene una altura de 175 metros, imponente y bellísima.
Por eso Barcelona la tiene como joya, que sería ideal que todo mundo conociéramos o por lo menos nos informáramos en libros de su grandeza.
Para terminar, podemos decir que, en la familia, sobre todo católica, puesto que así es la nuestra, debemos de conservar la unidad en todo México y si hay problemas solucionarlos de inmediato.



