
Y conforme al programa establecido, amenazó la tarde un ambiente festivo con aroma a México y sabor a León, por aquello de las infaltables guacamayas que nadie invitó y muchos compraron, como también hubo quien degustó los buñuelos bañados en su miel de piloncillo.
El menú también incluía la participación del deporte nacional, la charrería, sus suertes y caballos con sus gallardos de sombrero y las bellezas que les acompañan.
Así y a pesar del amago de la lluvia, aunque a veces briznó en diversas zonas de León, la fiesta siguió su curso para conmemorar la gesta de un Cura y el cumpleaños de todos: ¡Viva México!