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-¿De dónde venimos?
-¿Quiénes somos?
-¿A dónde vamos?

Es el título de un cuadro de Paul Gauguin hecho en diciembre de 1897 durante su segunda estancia en Tahití. Se conserva en el Museo de Bellas Artes de Boston.
Sin embargo, estas mismas preguntas se han hecho miles de veces por religiosos, científicos, filósofos y neófitos.
Tal vez tengamos una vaga idea de dónde venimos si buscamos en nuestro árbol genealógico la historia de nuestros ascendentes.
Desafortunadamente solo podremos contar con unas cuantas generaciones, ya que no tenemos los registros de cada uno de las personas que han formado parte de nuestra familia. En principio está claro que cada persona dispone de padre y madre, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, dieciséis tatarabuelos, y así sucesivamente se duplica el número de ancestros en cada generación. De este modo, teóricamente la 7ª generación está compuesta por 64 personas, la 10ª generación por 512 personas y la 15ª por 16.384 personas. Sin embargo, llegados ya a este punto es imposible que no se hayan producido en la familia uniones entre personas con algún vínculo de consanguinidad, lo que reduce el número real de individuos que componen esa generación.
Pero si se diera el caso que los cónyuges fueran primos hermanos entre sí y tuvieran por tanto dos abuelos comunes, la cifra de antepasados en la segunda generación de ascendentes se limitaría a seis, y como consecuencia, esta alteración afectaría también a las generaciones más antiguas, además de manera exponencial. Siguiendo con el cálculo teórico de duplicación de antepasados en cada generación, a la 29ª generación le corresponden unos 268 millones de personas. Lo interesante es que en esa época (siglo XI: 1001-1100), se calcula que, sólo vivían en la Tierra unos…. ¡100 millones de personas!
Esto se explica perfectamente por las uniones entre parientes con antepasados comunes, la mayoría de veces en un grado tan lejano que difícilmente se puede saber sin un estudio genealógico.
Con esto en mente, saber de dónde venimos resulta, digamos, un poco complicado. Pensar que venimos, como se menciona en la Biblia (Génesis 1:27-5:2), de un padre y una madre únicos como Adán y Eva, es sólo una forma simbólico-filosófico-religiosa de interpretarlo y tal vez pueril. Científicamente hablamos del Ácido Desoxirribo-Nucleico o ADN, un conjunto de bases púricas y pirimidínicas que a su vez definen la secuencia de una serie de aminoácidos. Este paquete informativo conforma los genes, los que a su vez trasmiten la información y características de la mayoría de los seres vivos: su origen, también elusivo, se esfuma entre las nebulosas del Big Bang y otras teorías.
Desconociendo en forma sustancial de dónde venimos, probablemente la pregunta de quienes somos tampoco quede resulta satisfactoriamente. Somos un conjunto de información genética, átomos conformando 99% energía y 1% de masa o materia. Así es, energía y materia que finalmente no se destruye pero se transforma. Gracias a esa trasformación, además de muchos ensayos y fracasos, hemos llegado a lo que somos actualmente, la raza humana, parte del reino animal y de nuestra especie.
La pregunta hacia dónde vamos es una gran interrogante pues nadie puede predecir el futuro. Tenemos ante nosotros una serie de amenazas que podrían causar la extinción de nuestra especie, siendo el propio hombre el agente principal de su aniquilación. Aunque la preocupación de la humanidad hasta hace poco había sido el hambre, la peste (enfermedades) y las guerras, el hombre se despierta en el tercer milenio con asombro, ya que en las últimas décadas los tres jinetes apocalípticos se han podido controlar.
Desde luego, como menciona en el libro de Homo Deus, Yuval Noah Harari, “estos problemas no se han resuelto por completo, pero han dejado de ser fuerzas de la naturaleza incomprensibles para transformarse en retos manejables”.
Estamos en un mundo poco equitativo, donde el poder se concentra en unos cuantos y el resto depende de ese puñado para vivir y desarrollarse en este planeta, único. Utilizan los medios de comunicación masivos y las empresas para ejercer control, generar valor, o escases, propiciar el miedo colectivo.
Nos dirigimos a un mundo donde la ficción es parte de nuestra vida y la búsqueda de prolongarla una cruzada, no para liberar y fortalecer las religiones, más bien para convertirnos en dioses de nuestro destino fusionando la tecnología con el ser humano y la inteligencia artificial con los sentimientos.
Hacia dónde vamos dependerá de lo que hagamos por nosotros en este momento.
Del alma, la vida después de la muerte, de Dios y por quién votar….incumbe a sus puntos de vista y directrices.

¡Hasta la próxima!

Comentarios: dr_rethcuel@yahoo.com

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