La premisa principal de toda empresa es tener la mayor productividad de sus procesos, herramientas y empleados; en esencia se busca producir más y mejor, planteado desde diversos puntos. Sin embargo, en el camino de buscar la máxima capacidad se descuidan factores importantes, por ejemplo: el bienestar de los empleados.
El estrés es la enfermedad de nuestros tiempos, debido a que la constante presión ocasiona saturación física y mental, lo que trae como consecuencia la disminución de la productividad y diversos problemas de salud.
Después de todo lo anterior ¿me creerías si te dijera que es indispensable para una empresa transmitir la felicidad en el espacio laboral? Quizá suene raro, pero si te detienes a analizarlo, “un empleado feliz trabaja mejor”. Todos lo hemos experimentado; cuando estamos de buen humor y tranquilos hacemos las cosas de mejor manera, nos equivocamos menos, recibimos y procesamos la información más rápido e incluso sentimos que la jornada nos rinde mucho debido a que cumplimos con más tareas en poco tiempo.
Crear un buen ambiente de trabajo no es una tarea sencilla pero afortunadamente es una práctica cada vez más popular. Para tal efecto están surgiendo los llamados “Directores de la Felicidad”, cuya labor principal es lograr los objetivos de la empresa sin abusar de los empleados, desarrollando sus habilidades para que tenga un crecimiento profesional y personal. El ambiente laboral es crucial en la vida de una persona, dado que pasa un 70% del día en el trabajo y si no es feliz en ese ámbito, es posible que en el resto de su vida también esté insatisfecho.
Lo que un director de la felicidad debe lograr es que cada una de las personas del equipo esté motivada más allá del salario, los números o metas por lograr. Una de las primeras empresas en añadir esta figura empresarial fue Open English y la principal tarea fue lograr que sus empleados entendieran que su trabajo cambia vidas, lo que se hace por medio de estrategias de integración, motivación, fortalecimiento de equipos, asesorías que resaltan los valores de la empresa, además de mantener las líneas de comunicación abiertas para que tengan la confianza de expresar sus inquietudes.
El perfil de los directores de la felicidad va muy unido al de los encargados de recursos humanos, sin embargo, su labor va más allá de tener café ilimitado, bonos de productividad, reconocimientos o fotos de “empleados del mes”, se trata de estar al pendiente de los empleados y considerar que tienen metas y sueños propios.
Desde luego, cada empresa deberá tener un plan de “felicidad” a la medida, pues mientras para unas podría funcionar el incentivar la creatividad, para otras bastaría con tener líneas de comunicación adecuadas.
Richard Branson, dueño de Virgin Group, es uno de los empresarios que tienen como premisa: “los clientes no son lo primero, los empleados son lo primero, si cuidas de ellos, ellos cuidarán a tus clientes”. Y si tomamos en cuenta que todos buscamos sentirnos útiles, incluidos, incentivados y escuchados, es fácil darse cuenta de cuán importante es poner atención a la armonía del ambiente laboral.
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