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Día de Muertos

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Estos días alrededor del día de muertos, cuya noche importante es la noche para amanecer el día 2 de Noviembre, que es el día de muertos, en cuyo día los cementerios y las iglesias donde están los restos mortales, reciben a millones de mexicanos que visitan a sus seres queridos en forma simbólica, llevando flores, adornando sus tumbas y rezando según su religión y costumbres, a sus seres queridos. También existe la costumbre de llevar grupos musicales que hacen recordar a los deudos los momentos felices, compartidos con los occisos.

Indudablemente que en primer lugar nuestros sentimientos, ligados a esos recuerdos íntimos, son los de nuestros familiares; recordamos su voz, su manera de actuar su trabajo, su espiritualidad y su forma de amarnos también a los amigos, a las novias y amores frustrados, a la esposa amada o al esposo que fue jefe de familia, a los abuelos que después de ser padres que tenían carácter duro se convirtieron en amorosos consentidores y con un amor tan especial porque ellos buscaban la mejor forma de darles gusto a sus nietos. Lógicamente que incluimos a hermanos y muchos parientes que influían en la vida de cada familia y pueden haber pasado años o decenas de años y en estos días se reaviva el recuerdo. También lo hacemos por los benefactores que sin ningún parentesco nos dieron la ayuda que necesitamos en muchos momentos.

Los mexicanos tenemos una forma de ser muy especial, pues por un lado nos reímos de la muerte y decimos que no le tenemos miedo, quizá en un valor fingido, pero también es que hacemos figuras simbólicas en pinturas y esculturas, o bien creando las famosas figuras, construidas de diferentes materiales, especialmente de cartón, papel y madera. También les llamamos calaveras a versos breves, en prosa o mezclados que escribimos de algunas personas conocidas o bien se da el caso de que en los periódicos se publiquen con este nombre estas calaveras refiriéndose a las actividades políticas, éxitos deportivos o bien, irónicamente, a los partidos políticos o personajes del gobierno, normalmente en forma irónica. Aunque se ha dado el caso de hacerlo con elogio.

Todavía se sigue la costumbre, sobre todo en provincia, de construir muñecos o figuras humanas que refieren algún personaje conocido, que en una fiesta popular callejera normalmente son destruidos con palos por la muchedumbre en un acto ritual en que se desahogan las pasiones y resentimientos, generalmente son personajes locales, políticos que no hacen bien su trabajo o de plano repudiados por todos. Aquí en León en varios barrios se hace esa costumbre, pero principalmente en la calle denominada la Llamarada. Es una forma de desahogo popular.

La Iglesia Católica, en la que formamos parte más del 80% de los mexicanos, recomienda efectuar oraciones según el deseo de cada una de las personas. Y la misma Iglesia toma con toda la seriedad del caso la parte dolorosa ofreciendo rezos especiales, pues es principio de nuestra Iglesia tanto su misma muerte y la alegría de la resurrección del Señor. Nuestros muertos permanecen en los cementerios o en las iglesias donde se depositan las cenizas y es costumbre visitar, adornar esas tumbas, rezar y recordar a los seres queridos.

Tzintzuntzan es famoso en el mundo. Tiene un pequeño cementerio y alrededor del lago de Pátzcuaro hay muchos más y en la misma isla de Janitzio la noche de muertos es una tradición que guardamos los mexicanos celosamente como los mismos indígenas purépechas lo hacen y adornan las tumbas, las embellecen, llevan alimentos y bebidas que sus seres queridos en vida apetecían. Silencio, respeto absoluto y solamente se escuchan los cantos que más bien son lamentos y alegorías al recuerdo de los seres queridos.

Cambiemos un poco más y dirijamos nuestra mirada a nuestros muertos más recientes principalmente los cerca de 400, producto del sismo de Septiembre 19. A ellos ya los recogieron sus familiares y les han dado cristiana sepultura.

Hay otras formas de muerte que rondan trágicamente sobre todo en Oaxaca, Chiapas y el Estado de Morelos, pues hay miles de casas inhabitables, generalmente de gente muy pobre y clase media, que en cosas de minutos perdieron todo su patrimonio y no hay manera de resarcir el daño. Nos expresan ellos que sienten como si fuera una muerte en vida.

Debemos de reconocer que el gobierno está haciendo un gran esfuerzo de reconstrucción parcial de las viviendas, pero hay que entender que por mucho que se quiere esforzar, los mexicanos no tenemos en este momento, a través del gobierno, la posibilidad de proporcionarles una vivienda digna y viven en la calle, en albergues, con amigos y familiares.

La vida cambió y murieron muchas ilusiones, proyectos y pequeños negocios que quizá en algunos años puedan restituirse.
La emergencia sigue y el padre de familia que conserva a su esposa y a sus hijos siente la muerte por no encontrar un trabajo y sus hijos y su esposa siguen hambrientos. Es una terrible realidad.

En México se juega con la muerte a diario en diferentes formas. En muchísimas ciudades, así como en León, que al abrir la sección policiaca nos encontramos que todos los días por lo menos hay un muerto en forma violenta, ya sea que lo hayan intentado robar o simplemente por venganza. Normalmente en ninguno de estos casos encuentran a los culpables y cuando los encuentran y los encarcelan, nuestro sistema penal es tan malo que en poco tiempo los vemos libres y esto es en serio una verdadera desgracia que no podemos corregir y que debe de terminarse de inmediato.

Y si de muertos hablamos, ¿qué pasó con los 43 estudiantes muertos en Ayotzinapa?

A varios años de distancia en que investigaciones van y vienen, la afirmación de una incineración, que algunos dicen que fue cierta y otros que fue falsa, y se trajeron expertos argentinos y de Europa, se enviaron pruebas de ADN; en este gobierno se gastó millones y los padres de familia seguramente recordaran en este día más que nunca la muerte de sus hijos, pues a pesar de que hicieron marchas, plantones, bloqueos en autopistas, bloqueos en la Secretaría de Gobernación, incluso en México donde grandes contingentes y miles de ciudadanos les acompañaban y todo ha sido inútil, los estudiantes siguen desparecidos.

Ya han pasado varios procuradores generales de justicia y el estado jurídico de los detenidos está sin definirse y son decenas que están en la cárcel que ni se les consigna y menos se les procesa o castiga. El gobierno estatal de Guerrero y la misma Procuraduría General de la República no encuentran de la forma legal y expedita de concluir jurídicamente este caso. Como dicen sus padres desesperadamente: nuestros hijos, seguramente muertos por el tiempo que ha pasado, también merecen cristiana sepultura, pues desaparecieron y no hay poder humano que los encuentre.

Debemos todos hacer una profunda reflexión y hacer una oración por los nuestros que tienen todavía quien lo puede hacer, porque hay muchos que ya están muertos y nunca fueron reclamados.

Encontremos en la paz de Cristo, en su generosidad y misericordia nuestro consuelo.

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