La celebración del día de muertos es un evento que para el mexicano produce reflexión, tristeza, melancolía e incluso algarabía… pero también ganancias, tanto para comerciantes instaurados como eventuales u ocasionales.
Alrededor del Panteón San Nicolás pueden encontrarse desde comerciantes de flores con décadas en pie, hasta niños y adolescentes que, para sacar un dinero extra, se enfocan en limpiar y retocar las tumbas.
Los vendedores de flores de cempasúchil llegan a ofrecer sus productos los días 1 y 2 de noviembre. Algunos, con deseos de obtener buenas ventas, desde el 31 de diciembre por la noche, listos para recibir a los vivos que felicitarán y recordarán a los muertos.
Juan Arenas tiene diez años enfocado en vender flores típicas del día de muertos frente al panteón. Este año, considera que las ventas no han sido las mejores antes del 2 de noviembre, pero sabe que “el mero día” las cosas se pondrán mejor.
Por eso, los comerciantes de flores adquieren bastantes ramos. Algunos incluso consiguen el cempasúchil desde Ciudad de México. Cerca de 600 ramos compran para luego venderlos. En ocasiones, algunos se quedan, pero la mayoría se terminan vendiéndose. De acuerdo con Ángeles Estrada, vendedora de flores, siempre habrá quien quiera adornar las tumbas de sus seres amados.
LOS “LIMPIA TUMBAS”
Cada año, a inicios de noviembre, nunca pueden faltar los niños y adolescentes sentados alrededor de la fuente que recibe a los visitantes, sosteniendo cubetas y latas de pintura con pinceles. Los chicos y chicas dedicados a darle mantenimiento a las tumbas… aunque lo hacen de manera informal. No pertenecen formalmente al cementerio, sólo llegan los días santos para ganar un dinero extra.
Cuatro ejemplos de cientos de niños que realizan una “chambita” durante el día de muertos son Oscar Uriel, Miguel Ángel Ramírez, Juan y Alan, todos tienen entre 13 y 15 años, y piden lo que sea la voluntad del vivo para rendir respeto al muerto. En un buen día sacan hasta 200 pesos, y realizan, en la tumba, servicios de lavado, barrido y retoque de las letras, usando escobas, trapeadores, cubetas y pintura. Se trata de un trabajo eventual que aprovechan en estas fechas.
Juan Segura tiene ochenta años y sigue trabajando como músico ambulante, cantando a los difuntos. Cobra 20 pesos por canción, y nunca falta que cante “Amor eterno”, “Cruz de olvido” y “Dos almas”.
