Hemos caminado un tramo de este año 2020, en lo que al inicio parecía un período, sin más problemas, que cualquier otro. Nada especial.
La numerología nos hablaba del dos: Dualidad. Representa la pareja, la familia, la vida social y privada. Es el número de la empatía, la cooperación y adaptabilidad. Es aparentemente el símbolo del equilibrio, de la unión y de la receptividad. El año 2020 se reduce a 22, es decir el comienzo de algo nuevo.
Se ha reflejado la dualidad en todas sus formas.
No hay equilibrio, mas bien una gran entropía, es decir, un gran desorden y por supuesto la medida de incertidumbre ante un conjunto de mensajes del cual se recibe uno solo: el caos.
Ha sido el comienzo de algo que no hemos comprendido de una forma certera
Parece que este comienzo es el fin de nuestro comportamiento atávico, de nuestra forma de desarrollarnos ante la vida diaria, nuestras relaciones personales y en sociedad.
Estamos aturdidos por no comprender. Por permanecer en el pasado, guardados en ese esquema arcaico que nos precedió. Permanecemos aún resguardados dentro de la manada y hemos perdido el sentido del peligro lo que nos hace incapaces de ver el sitio donde nos desviamos de las corrientes profundas de la colectividad.
Hemos dejado que el pensamiento divague, como un circuito que impide abrir nuevas posibilidades. Tenemos miedo y ese desasosiego no nos permite liberarnos de las cadenas del concepto que la vida evoluciona. El hombre como ente bio-psico-social sigue estando genotípicamente sin muchos cambios, aunque alrededor la información, la tecnología, los conceptos, las teorías y el ambiente hayan cambiado.
El escenario fue modificado por una partícula de información genética, que es sumamente contagiosa y compuesta por una cadena simple de ARN (ácido ribonucleico) de 30 mil pares de bases.
Su estructura es semejante al ARN mensajero de las células del cuerpo.
Este pequeño, pero gran enemigo, ha desatado el peor de los conflictos internacionales que se tenga memoria. Ha conducido a que los seres humanos nos veamos afectados por las consecuencias en la reproducción y replicación de este virus. El campo de batalla es individual. Los estragos han sido incontables.
Aun así, ante lo evidente, no reaccionamos adecuadamente.
Esto sucede a los otros, no a mi… decimos, internamente, e inmediatamente utilizamos nuestro pensamiento para negar lo evidente, lo real.
Nuestro sistema de percepciones y mecanismo de defensa se encuentra totalmente modificado e influenciado por todo aquello que justifica que no existe.
Los comentarios de individuos sin escrúpulos, personas con agendas particulares. Minorías que han llegado al poder creyendo que el colectivo los eligió, sin percatarse que ellos también son parte del sistema de corrupción que los ha manipulado como quien va creando un cerco alrededor de animales salvajes que se acostumbran a la presencia de depredadores que, sin grandes exclamaciones o movimientos, van envolviendo el espacio hasta que todo queda concluido.
Todos buscamos el refugio en lo cotidiano, en continuar haciendo lo que solíamos hacer para no ver la realidad. Mientras, distraídos en conservar lo que no queremos perder haciendo como si nada pasara, la pandemia tiene un incremento. Solos, nos hemos puesto ante el precipicio. Ahora solo queda saltar o permitir que el sistema nos atrape.
Seguirás divagando inconscientemente, aislando de manera selectiva la realidad de lo que esta pasando en tu país, estado o localidad. Seguirás justificando que eso les pasa a otros y no a ti, o harás el esfuerzo para despertar de este momento que te ha movido lo mas interno de tu personalidad.
Hoy es el día que celebramos a los muertos una tradición desde el año 998, promovida por un monje benedictino francés, San Odilón. Lo celebramos particularmente en México, desde tiempo remotos. El pueblo teotihuacano acostumbraba a hacer ofrendas en honor a los fallecidos practicando rituales para que el difunto llegara bien a los paraísos destinados.
Toda esta tradición se ha transformado. En tiempos recientes ha tomado gran auge publicitario, no solo nacional, también internacional, después que una película estilo hollywoodense (James Bond, Spectre) mostraran alegorías a la muerte en pleno centro de la Ciudad de México.
De moda o no, la muerte ha estado presente siempre desde que hay vida.
Celebremos esta tradición con su significado alterno, el de transformación. Un cambio de actitud. De respeto por las vidas de los demás y respeto incondicional por cada ser humano.
Evita que la irresponsabilidad de tu ignorancia dañe lo más preciado que tenemos los seres humanos: la vida y el derecho a ella.
Si quieres enfermarte, no perjudiques a los demás. Se responsable y enfrenta los problemas que la pandemia y tu egoísmo han forjado en ti.
– ¡Ah, eso si, solito!
¿Feliz día de Muertos?
¡Hasta la próxima!
