Uno de los engranajes para informar a la gente de lo que sucede en el Festival Internacional Cervantino 2018, es la Sala de Prensa Carlos Ximénez, ubicada en la Casa del Artesano, durante la apertura oficial de dicho espacio momentos antes de la inauguración del FIC, fue develada una placa conmemorativa al periodista que le dedicó en vida una amplia cobertura informativa a la “fiesta del espíritu”.
Durante la develación de la placa estuvieron presentes la directora del Festival Internacional Cervantino, Marcela Diez Martínez; de Laura Lugo y González viuda de Jiménez; de sus hijos Carlos, María Elena y Felipe; de sus nietos Mariana Prieto Jiménez y Santiago Ramos Jiménez; de la directora del Instituto de Cultura de Guanajuato, María Adriana Camarena de Obeso, y de la coordinadora general de Comunicación Social del Gobierno del Estado de Guanajuato, Angélica Aguilar.
“Como se acaba de mencionar, fue en 1990, cuando Carlos Ximénez recibió de sus compañeros el reconocimiento a su labor, dándole su nombre a la sala de prensa de este Festival. Este año, tras su partida (el pasado 19 de mayo) y con la presencia de su familia, queremos recordarlo, aquí en el espacio donde, como siempre, los reporteros se reunirán para escribir sus notas durante estos 19 días que durará el Festival” expresó Marcela Diez.
Ximénez Estrada, escribió el libro Festival Internacional Cervantino. Un cuarto de siglo, nació en 1937 en la Ciudad de México. Sus andanzas se igualaban a las de Alonso Quijano pues peleaba batallas pero con pluma y libreta. En una de sus aventuras llega a la redacción de diario Novedades, donde a los 16 años descubre su motivo en la vida: el periodismo, que ejerció con vehemencia y orgullo.
Las clases privadas de inglés que tomó por orden de su madre en su infancia y que aprovechó al grado de dominarlo, le hizo ganar un lugar en el entonces fundado diario mexicano The News, el cual le abre las puertas para cubrir el Festival Internacional Cervantino.
A final de las jornadas cervantinas, el grupo de reporteros del que formaba parte se reunía en cafés y bares donde tenía lugar un cambio de impresiones y datos, disfrutando todos de un ambiente más relajado. En esa bohemia las rivalidades se olvidaban y comenzaba el aprendizaje. Fueron esas sobremesas las que este periodista plasmó en su libro Festival Internacional Cervantino. Un cuarto de siglo, publicado en 1977.



