
Después de las marchas del 8M, ¿qué? Según Fernanda García, directora de Sociedad Incluyente, pese a que la participación cada año en las marchas que en todo el país se desarrollan con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, ha crecido exponencialmente, las cosas han cambiado muy poco.
Puso por ejemplo el que mucho se ha hablado de la desproporción salarial que desde siempre ha regido el pago a las mujeres. El dato más antiguo y que es el génesis de los movimientos que se dan hoy en día, se sitúa en 1875, entre las mujeres del sector textil estadounidense, mismas mujeres cuya lucha y martirio se recuerda cada año, en este mes.
Según la especialista, hoy en día, las mujeres realizan la principal carga de trabajo no remunerado, que son las labores del hogar, a las que se les destina un promedio de 40 horas a la semana. Los hombres sólo dedican 16 horas al mismo trabajo.
Los economistas consideran que si las labores domésticas fueran un sector económico, éste sería el más grande, por encima del comercio o las manufacturas–, y aportaría el equivalente a uno de cada cuatro pesos del PIB nacional.
Por otra parte, en el mercado laboral, persiste una baja participación femenina ya que la proporción de mujeres que tienen un empleo o busca uno alcanza 46% mientras que la de los hombres, llega al 76%, además de que las mujeres suelen ganar un 16% menos que los hombres.
La mujer también se ve afectada por la informalidad ya que más de la mitad de las mujeres realizan actividades económicas sin contrato, prestaciones o seguridad social.
El problema no sólo radica en la injusta desigualdad, sino que todo esto se traduce en una menor autonomía económica para las mujeres lo que muchas veces las obliga a depender y estar bajo el control de una pareja.
Esta disparidad continúa en muchos otros rubros, aún después de este sonado 8M que nos dejó pintas de bardas, edificios históricos dañados y molestia y frustración para quienes vieron pasar esa “ola morada” enardecida, pero que sirvió para hacer visible que mientras las cosas sean tan desproporcionadamente injustas, siempre habrá un motivo para protestar.
“Hoy 8 de marzo marcharé de la mano de amigas y colegas. Lo haré para exigir que se detengan las olas de violencia y para que todas las mujeres nos sintamos seguras, porque si no existimos, nada más importa. Pero también porque es urgente avanzar hacia una mayor igualdad entre hombres y mujeres, desde el hogar hasta el mercado laboral. Seguiré marchando para que podamos decidir en libertad, para que la falta de autonomía económica no sea motivo para verse atrapadas en realidades no deseadas”, dijo la autora de este revelador artículo quien parafraseó a Clare Boothe Luce, política americana del siglo XX, al señalar que “la mejor protección de una mujer es un poco de dinero propio.”



