Las calles y colonias aledañas al Parque Metropolitano se llenaron de cientos de personas, quienes observaron fascinados el despegar de los globos aerostáticos. Desde La Sardaneta hasta Los Castillos, la gente observó las coloridas figuras desde los parques y las azoteas.
Desde las seis de la mañana ya había locales y puestos de comida. Todo mundo miraba atentamente a los cielos, en espera de que los globos comenzaran a elevarse desde el interior de la Zona de Despegue.
La Sardaneta, parque que desde hace años se encuentra descuidado, tenía cientos de visitantes que observaban los globos. Niños cargados en los brazos de sus padres señalaban al cielo con emoción. Conforme las primeras luces del alba se miraban en el firmamento, los globos se dispersaban por el cielo. Algunos permanecían en la zona del parque, mientras que otros volaban hasta los diferentes bulevares y calles de la ciudad. Muchos llegaban hasta Rivera de la Presa o Los Castillos, colonias ubicadas cerca del parque.
Había quienes subían a bardas y azoteas, contemplando cuantos globos pudieran. Las fotografías tomadas con los teléfonos celulares no se hacían esperar. La gente, abrigada con suéteres, chamarras y gorros se calentaban tomando café o atole.
José Alfredo Domínguez y su esposa Clara, de 64 y 60 años respectivamente, viven en Rivera de la Presa y cada año salen a ver los globos. Ya es una costumbre a lo largo de los 22 años que se ha llevado a cabo el festival. Durante las primeras ocasiones ingresaban junto con sus hijos, pero ahora prefieren ver los aerostatos desde afuera.
“El festival ya está muy caro, lo bueno es que vivimos cerca del parque y podemos verlos gratis. Nuestros hijos y nietos siempre vienen a nuestra casa y se quedan a pasar la noche. Cuando tenemos suerte, hasta aterrizan globos frente a nuestra casa”, dice José Alfredo.
Poco a poco va a amaneciendo y los globos vuelan rumbo a diferentes puntos cardinales. Así, la gente regresa a sus hogares, esperando a que el 2025 se repita la ‘colorida’ y ‘elevada’ experiencia.
