La semana pasada hablé de la oleada de encuestas y llamadas inaceptables que hacen las empresas para importunar a los pobres consumidores, a horas de comida y en la noche (cualquier hora es mala para que nos molesten). Ofrecen de todo y preguntan nuestra opinión sobre cosas, en general, banales.
Quiero aclarar que entiendo la utilidad de las encuestas bien planeadas, muy cortas y sobre todo, aisladas, pero la saturación actual es irresponsable. Además, con los procesos electorales por venir, cada partido político o candidato va a gastar enormes cantidades de nuestros recursos en interrogatorios, “a modo” para satisfacer a sus clientes y a muchas pruebas me remito. Todo el mundo declara que las encuestas están a su favor y que van a ganar las elecciones por mayoría absoluta y cuando pierden, se quejan de que hubo “mano negra”, “compló” o estuvo manipulado. No sabemos perder a la buena.
Por otro lado, el uso de las llamadas a clientes y/o consumidores pueden ser muy útiles, como por ejemplo el que un banco o emisor de tarjetas de crédito te hable para definir si tu hiciste tal o cual compra extraña y prevenir un fraude, para avisarte que estás sobregirado o no pagaste un adeudo. Lo mismo para resolver una queja iniciada por ti o un servicio a clientes que sea efectivo. Lo malo es que esta comunicación se pierde ante la oleada de anuncios “importantes” que son pura promoción barata y, repito, indeseada.
Hay una competencia frenética e inédita para reemplazar la promoción y publicidad en medios tradicionales con el uso de las redes sociales, motores de información en la red y otros procesos. La idea es captar nuevos clientes, lo que es perfectamente legal, pero pienso que la creatividad en agencias de publicidad, y de las áreas de mercadotecnia en las empresas, puede y debe diseñar anuncios y esquemas atractivos que atrapen a sus clientes potenciales. La saturación es, a mi juicio, contraria a los hábitos de compra de muchos. Hay numerosos ejemplos conocidos por todos.
Los avances tecnológicos no van a parar, ya que hay múltiples formas de promover la información y de anunciarse. No es algo que se vaya a parar por decreto y tampoco es sano cortar la libertad de expresión, salvo en casos que promuevan actos ilegales. Nos tenemos que adaptar a los cambios, pero sí usar un poco de psicología y sentido común para ver los efectos de estos esquemas en el público y evitar excesos.
No existe país en el mundo, desde las democracias liberales modernas hasta las peores dictaduras de cualquier siglo, que no utilice (o restrinja) a los medios y las telecomunicaciones para moldear a sus pobladores de muchas formas. En México lo hacemos de manera permanente y eso va a continuar. Hay veces que quieres sentarte a leer un libro, sin ruidos, mensajes y propaganda y cada vez es más difícil. El aislarte de vez en cuando es saludable y sirve para recuperar la calma. Háganlo con frecuencia.
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