Hablemos de patriarcas. Primera parte
Las familias extendidas que todavía existen en México, son muy especiales. En ellas se dan actos de amor y solidaridad, una cantidad de actividades tanto formales (fiestas, velorios, bautizos, etc.) como de comunicación informal, llamadas telefónicas, visitas reciprocas por cualquier pretexto y oportunidades para hacerlas juntas, por el gusto de verse. Esta familia unida da pie a que se convierta en “muégano “, donde imperan los chismes, meterse en asuntos privados de sus miembros y a que todos se estén criticando. El peligro existe pero todavía son mucho mejores las familias extendidas que las de dos generaciones, por el calor humano que se percibe.
Un elemento primordial de las familias arriba citadas es la presencia de una dualidad “patriarca- matriarca”, que es un elemento clave para la cohesión y relaciones de estas estructuras. No es raro ver en vacaciones, restaurantes o incluso en actos religiosos al patriarca con su esposa y todos los hijos y nietos que los acompañan. Es algo que se esta perdiendo con la modernidad, pero que debe ser salvaguardado.
Este Patriarca no es frecuentemente una “perita en dulce”. Detrás del simpático viejito, abuelo cariñoso y afable puede haber una voluntad férrea de controlar a la familia y mantener el poder absoluto sobre sus hijos(as) y para ese efecto usa toda clase de tretas y manipulaciones. No en pocas ocasiones me he quedado maravillado ante la fuerza y personalidad de este hombre fuera de serie pero que tal vez sin quererlo (o por un instinto autoritario) simplemente destroza a sus hijos. Vamos a hablar de los patriarcas y su contrapartida, las matriarcas, en el contexto de las empresas familiares.
Les transcribo un extracto de mi libro que se llama “Dinámica y Conflictos en las empresas familiares” y que trata de las familias patriarcales:
Este núcleo familiar gira alrededor de un hombre (o mujer) que asume el rol de líder absoluto, incluida la toma de decisiones, pequeñas o trascendentales y cuya autoridad no puede ser cuestionada. Gobierna a base de un autocratismo medieval y la gente debe plegarse y obedecer sin chistar o atenerse a las consecuencias, mismas que pueden llegar a extremos como el ser despedido de la empresa o desheredado.
El Patriarca exige respeto y su disciplina puede llegar a ser terrible, incluso física. Su frase clave es “¡Aquí mando yo y si me obedecen pueden estar seguros que les ira bien! De lo contrario… (una serie de amenazas que cumplirá)”.
Si transferimos este esquema a la empresa familiar, hay varias facetas, tanto positivas como negativas.
La principal característica positiva estriba en que es el patriarca, por su carácter y personalidad, el que inicia grandes proyectos y los hece realidad. Es más, si lo vemos a fondo, la terquedad y el espíritu emprendedor requeridos en un principio, durante la época heroica van bien con un patriarca absolutista y dictatorial.
Nota: Todo parecido con líderes políticos globales o del país es pura coincidencia, ¿o no?
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