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Decisiones destinadas al fracaso

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El pasado fin de semana impartí un taller sobre evaluación de proyectos de inversión, como parte de un seminario de finanzas. Es un taller que he impartido en diversas ocasiones a profesionistas y empresarios provenientes de muy diferentes industrias. A pesar de lo intuitivo que debería ser el evaluar un proyecto de inversión con base en el análisis de sus costos y beneficios, la realidad es que, en la mayoría de las ocasiones, las decisiones se toman influidas por las emociones; y teniendo en cuenta factores diversos que distorsionan el buen juicio. Esto es algo que hemos venido observando a nivel federal durante los últimos meses. Siendo así, se vuelve relevante el cuestionarnos hacia dónde estamos avanzando, tanto en el sector público como en el privado.

Las decisiones que implican la inversión de recursos financieros, técnicos, humanos y de tiempo, deben tomarse realizando una cuidadosa evaluación de sus costos y beneficios. La adecuada cuantificación de éstos, así como la aplicación de alguna de las técnicas de evaluación existentes, pueden asegurar que, dichas inversiones, tengan un efecto multiplicador. Dicho de otra forma, el no hacerlo, puede llevar a organizaciones e, inclusive, a economías enteras, al fracaso. Sin embargo, el desconocimiento de estos procesos de evaluación, así como factores externos, pueden llevarnos a tomar decisiones equivocadas. Basta señalar el ejemplo de la refinería en Dos Bocas, la cual se llevará a cabo, a pesar de que el IMCO asegura que solamente tiene un dos por ciento de probabilidad de ser exitosa.

En un contexto de toma de decisiones equivocadas, difícil será que las empresas y la economía en su conjunto prosperen. El economista Santiago Levy, en su libro “Esfuerzos mal recompensados”, concluye que México no podrá avanzar, si los recursos se utilizan en proyectos poco productivos, cuando las personas trabajan en actividades en las que tienen poca ventaja comparativa, cuando la producción está atomizada entre una enorme cantidad de trabajadores independientes y micro empresas, cuando se incentiva, aun cuando sea de manera involuntaria, el comportamiento ilegal, cuando el marco legal es incierto y pocas veces se cumple, cuando las inversiones en educación están subutilizadas, o cuando los trabajadores carecen de espacio y tiempo para capacitarse, aprender y crecer en sus lugares de trabajo.

Necesitamos insistir en la importancia de tomar decisiones objetivas, invirtiendo los recursos en aquello que pueda generar mayores beneficios, especialmente en un entorno de escases. El citado libro señala que, entre 1996 y 2015, el crecimiento de Producto Interno Bruto per cápita ha crecido 1.2 por ciento en promedio por año. Teniendo en cuenta que el crecimiento de la fuerza laboral fue mayor que el crecimiento poblacional, el PIB por trabajador aumentó solamente 0.4% promedio por año. Podría concluirse entonces que, durante los últimos 25 años, los mexicanos hemos permanecido prácticamente estancados. En el sector privado, el desconocimiento de las técnicas para evaluar proyectos de inversión es generalizado. En el sector público, las decisiones se toman de manera poco objetiva, buscando ganancias de tinte político. ¿Hasta cuándo tendremos la posibilidad de despegar y salir adelante?

gituartem@gmail.com

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