
Alfaro es una de muchas comunidades de León. Ubicada en el polígono de Medina, la zona es fácilmente identificable por su presa, sus áreas verdes y sus riachuelos. Sin embargo, hay mucho más que eso. Su historia se remonta a una hacienda…
Para llegar a Alfaro se puede tomar la ruta directa en la estación de transferencia Maravillas. Aunque no lo parezca, sus zonas repletas de caminos de terracería y árboles tienen una importante historia, que queda plasmada en el documento “Haciendas de León, entre la realidad y la leyenda” disponible para su consulta en el Archivo Histórico Municipal y escrito por el arquitecto y divulgador de la historia leonesa, Rodolfo Herrera.
El origen de la zona se puede establecer en la merced de un criadero de ganado con tres caballerías y suerte de huerta que el Cabildo de la entonces Villa de León le hizo a Lucas Ruiz en la Cañada de Alfaro. Ruiz se lo vendió al indio Mateo Hernández. Como dato interesante, los mulatos (hijo de una persona de raza blanca y otra de raza de color) fueron habitantes de la zona. La Hacienda de Alfaro fue creciendo con el paso de los años, y como ocurría en tiempos novohispanos, teniendo varios dueños.
El 1 de febrero de 1712, Juan Pascual de Alfaro contrajo matrimonio con la mulata Isabel de Zúñiga. En 1726 Juan vendió la propiedad al capitán Pedro del Campillo. Así siguió cambiando de propietario. Ya en el siglo XIX, en 1842, Francisco González Alvarado y Marmolejo vendió el rancho que hoy en día se ha convertido en parte de toda una comunidad.
Actualmente, el tiempo ha cambiado la zona, tal como lo señala Herrera en su documento: “hoy en día la casa de la hacienda se encuentra casi en ruinas, dándola bienvenida a todos aquellos que van a la comunidad de Alfaro o de paso con rumbo a Nuevo Valle de Moreno”.
Así es como este punto de la ciudad ha evolucionado, formando parte de la ciudad misma.