
El futbol mexicano volvió a aparecer en una de las listas más importantes del mundo, pero esta vez no fue gracias a un jugador de la Liga MX ni a una figura del futbol varonil. Scarlett Camberos fue nominada al Balón de Oro Femenil 2026, convirtiéndose en la primera mexicana en recibir esta distinción.
Y no llegó sola.
El América Femenil también fue incluido entre los candidatos a Mejor Equipo Femenino del Año, en una lista en la que comparte espacio con auténticos gigantes del futbol europeo como Barcelona, Bayern Múnich, Manchester City y Olympique Lyonnais.
Que un club mexicano aparezca ahí ya es noticia.
Que lo haga después de conquistar la Liga MX Femenil y la Concacaf W Champions Cup, todavía más.
Pero que además una de sus principales figuras esté compitiendo individualmente contra las mejores futbolistas del planeta nos obliga a mirar con mayor atención lo que está sucediendo en Coapa.
Porque detrás de la nominación de Scarlett hay una temporada extraordinaria.
La capitana del América cerró el curso 2025-26 con 27 goles y 17 asistencias en 47 partidos, participando directamente en 44 anotaciones. Números que ayudan a explicar por qué su nombre terminó entre las 30 candidatas al premio individual más importante del futbol femenino.
Pero reducir su temporada a una estadística sería quedarse corto.
Camberos fue una de las caras del América durante un año en el que las Águilas dejaron de conformarse con dominar en México y comenzaron a mirar hacia afuera.
Primero llegó el Clausura 2026, después de una campaña en la que América terminó como líder de la fase regular y posteriormente superó a Rayadas de Monterrey en la final.
Y apenas una semana después llegó el momento que terminó de cambiar la dimensión del proyecto.
América enfrentó al Washington Spirit en la final de la Concacaf W Champions Cup y consiguió una victoria de 5-3, conquistando su primer título internacional y convirtiéndose en el primer club mexicano en levantar este trofeo.
Y ahí estaba Scarlett.
La capitana.
La futbolista que apareció en una final internacional para participar en el ataque y que terminó marcando el quinto gol de las Águilas para cerrar una noche histórica.
No solamente estaba levantando un trofeo.
Estaba ayudando a poner al América en un escenario en el que normalmente los protagonistas son los clubes europeos.
Por eso resulta tan interesante que las Águilas aparezcan ahora junto a Barcelona, Bayern, Manchester City y Lyon.
Porque la distancia económica, estructural y de tradición entre estos clubes y la mayoría de las instituciones mexicanas sigue siendo enorme.
Europa lleva décadas desarrollando proyectos femeniles.
México apenas lleva unos años intentando construir una liga profesional.
Y, aun así, un club mexicano consiguió meterse en esa conversación.
Eso no sucede por accidente.
Sucede cuando una institución decide que su equipo femenil merece algo más que existir.
Y aquí está quizá la parte más importante de toda esta historia.
Durante años hemos hablado de que el futbol femenil mexicano necesita profesionalizarse. Pero profesionalizarlo no significa solamente tener una liga, vender boletos o abrir una cuenta de redes sociales.
Significa invertir en serio.
En entrenadores.
En fuerzas básicas.
En infraestructura.
En preparación física.
En análisis.
En medicina deportiva.
En nutrición.
En visorias.
En salarios.
Y, sobre todo, en proyectos que no estén diseñados únicamente para sobrevivir al siguiente torneo.
América parece haber entendido eso.
Y los resultados están ahí.
Dos títulos en una temporada y una nominación al Balón de Oro para su capitana.
Por supuesto, también hay una conversación incómoda que vale la pena tener.
En el futbol mexicano, muchas veces parece que los clubes están demasiado pendientes de lo que sucede en redes sociales. De qué influencer criticó al equipo, qué opinión se hizo viral o qué polémica puede generar más interacciones.
Y antes de que alguien se enoje: no hay nada malo con los influencers hablando de futbol.
Que existan creadores de contenido que analicen, critiquen, informen o simplemente entretengan es parte de la evolución de la industria.
El problema sería que los directivos confundieran alcance con conocimiento deportivo y comenzaran a tomar decisiones estructurales basándose en quién hace más ruido en internet.
Porque un proyecto deportivo no puede depender del algoritmo.
Los likes no desarrollan futbolistas.
Una tendencia no construye fuerzas básicas.
Y una polémica de redes sociales no debería tener más peso que el trabajo de un cuerpo técnico.
Para construir algo como lo que hoy tiene América Femenil se necesita precisamente lo contrario: procesos, inversión, estructura y paciencia.
Y Scarlett es probablemente el mejor ejemplo de lo que puede suceder cuando una futbolista talentosa encuentra un proyecto capaz de potenciarla.
Su nominación no solamente reconoce sus goles y asistencias.
También reconoce el impacto que tuvo dentro de un equipo campeón.
Y por eso creo que sí hay que hablar de Scarlett.
Mucho.
Pero no para convertirla en una excepción que nos permita decir «mira, México también tiene una».
Su nominación debería servir para hacernos otra pregunta:
¿Cuántas Scarlett Camberos podrían existir en México si más clubes decidieran tomarse en serio el futbol femenil?
Porque ese debería ser el siguiente paso.
Que Scarlett deje de ser una excepción.
Que América deje de ser uno de los pocos proyectos capaces de competir internacionalmente.
Que la nominación de un club mexicano contra los gigantes europeos deje de parecernos una sorpresa.
Y que dentro de algunos años, cuando revisemos la lista del Balón de Oro, ya no nos sorprenda encontrar futbolistas mexicanas ahí.
Por ahora, hay algo que sí podemos celebrar.
Scarlett Camberos está entre las mejores futbolistas del mundo.
Y el América Femenil está sentado en la misma mesa que algunos de los clubes más poderosos del planeta.
No porque alguien les haya regalado un lugar.
Llegaron después de ganar.
Y quizá esa sea la mejor noticia para el futbol femenil mexicano: ya existe un ejemplo de hasta dónde puede llegar un proyecto cuando realmente se decide apostar por él.