El Año Nuevo será triste para doña Ana María Meza Alonso, pero no por la situación de pobreza en la que vive con su familia, a la que se han acostumbrado, sino por la pérdida de su madre de 92 años, ocurrida hace dos años, pero que se siente más para estas fechas.
Desde los 29 años la abandonó su esposo con seis hijos, trabajó día y noche para sacar adelante a sus pequeños, aun con lo complicado que pareciera para la mayoría de las personas, ella dice que con la ayuda de Dios todo es fácil.
“La salud es lo importante, eso era lo que pedía todos los días para mis hijos y para mí, en el trabajo yo me las arreglaba para traerles comida a mis niños. Dios es bueno y no desampara a nadie, todos somos sus hijos”, refiere la mujer.
MOTIVACIÓN
Manifestó que sus hijos ya se casaron, y se fueron a formar su familia. Su madre era su única compañía, su motivación, sin embargo, hace dos años murió al ser atropellada y desde entonces Ana María decidió ya no trabajar, después de que lo hiciera toda una vida.
“Yo trabajaba para mi madre, para darle todo lo que se le antojara, pero ahora ya no la tengo, ya mejor no trabajé. Mis hermanas y yo dimos el perdón a quien la atropelló, y no nos dieron ni para el sepelio”, comentó.
SIN OBSEQUIOS
Para muchas familias, estas fiestas decembrinas representan que recibirán regalos, habrá reunión para la cena, sin embargo, para las miles de familias que viven en pobreza y extrema pobreza en León, significará una reunión más sencilla y sin obsequios.
La familia Alonso Juárez cenará un pozole, y harán buñuelos con atole, lo que dicen, será de lujo porque a todos les encanta.
“Vamos a cenar un pozole sabroso, unos buñuelos, un atolito, todo lo que nos gusta a la familia”, manifestó.
TRADICIÓN
Comentó que antes de cenar levantarán el Niño Dios, rezarán y una vez que den gracias a Dios se dispondrán a cenar.
“Primero vamos a levantar el niño, darle las gracias a Dios por todo lo que recibimos en el año, y luego cenaremos y bueno que el baile no falte”, refirió Ana María.




