El terremoto del 19 de septiembre de 1985 cambió para siempre la percepción de todos los mexicanos. Después de aquel movimiento telúrico, nada volvería a ser lo mismo. León, por supuesto, no fue la excepción, y sobre ese tema habla el cronista de la ciudad, Luis Alegre Vega.
A cuatro décadas de aquellos hechos, aún hay mucho que expresar. Uno de los muchos temas es la migración masiva de los defeños a la provincia. Alegre evoca un mundo que para los jóvenes de ahora es muy lejano y hasta incomprensible en el que era muy difícil concretar una llamada en medio del caos:
“Recuerdo que todo fue muy temprano. Las comunicaciones quedaron interrumpidas, y fue imposible comunicarse con la Ciudad de México, puesto que con lada era la única forma de llamar. Dejan de funcionar también los telégrafos, y poco a poco volvería el servicio a lo largo de aquel 19. En las primeras horas, poca gente tenía idea de la magnitud del evento. Quienes tenían televisión desde casa vieron aquel famoso programa de Hoy Mismo, en el que se cae el escenario, los estábamos en la escuela o el trabajo, solo escuchábamos rumores, porque fue un inmenso caos en las comunicaciones”.
No saber la dimensión del impacto en el momento, recuerda Alegre, hoy en día puede ser impensable, pero en aquel 1985 la información llegaba a cuentagotas.
Con el paso de los días y los años, ocurriría un fenómeno crucial: la inmigración de gente que dejaría el entonces Distrito Federal, para mudarse a diferentes municipios de Guanajuato, entre ellos León.
“Algunos salieron por un rato, y quienes tenían familiares en León tuvieron quien los apoyara y les abriera las puertas. Entre 1895 y 1986 llegaron profesionistas, que tenían capacidad de mudarse. Otros se fueron a Querétaro o Guadalajara, fue muy notorio en el Bajío. Muchos lo hicieron de un día para otro o bien, de un mes para otro”, recuerda el cronista. “Fue el famoso tiempo de los chilangos, que en algunas partes se manifestó con cierto desprecio. En pocos meses se encareció la renta de casas y departamentos, lo que hoy en día llaman pomposamente gentrificación. Recordemos también que los ochenta fueron los años de la inflación”.
Lo anterior se tradujo como la construcción de departamentos, pues era muy notorio cómo la gente llegaba a la ciudad. Era muy notoria la presencia de profesionistas nuevos en la ciudad.
“Llegar a tu casa, prender la televisión y ver que se había caído el DF, no te lo creías”.
