Todos recordamos aquellos aciagos tiempos: corría el mes de marzo de 2020 y el coronavirus comenzaba a propagarse por el mundo entero, por lo que las autoridades ordenaron el confinamiento. En un principio, creíamos que se trataba de un mal pasajero, que duraría unas cuantas semanas; sin embargo, no fue así. El covid-19 había llegado para quedarse.
No cabe duda que los años de pandemia modificaron todas las actividades humanas como las conocíamos hasta aquel entonces. Desde salir a la calle hasta estudiar o trabajar. Los crímenes violentos perpetrados por asesinos seriales, y las investigaciones al respecto, tampoco.
La idea de un asesino serial buscando víctimas mientras todos estábamos confinados suena al argumento de una serie policiaca ideada por David Fincher, pero no tuvo nada de ficticio. Ocurrió en Barcelona, justo a inicios de la pandemia cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) decretó la cuarentena.
La noche del 18 de marzo, un indigente de nombre Laureano dormía cerca de un ducto de ventilación en la calle Cerdeña, cuando de súbito alguien lo apuñaló a sangre fría. Los hechos llamaron la atención de los Mozos de Escuadra, tenaz cuerpo policial de Cataluña. Aunque hubo un sospechoso, resultó ser inocente.
El 16 de abril, dormía otro indigente en la calle Lepanto, cuando al mediodía se le acercó un hombre vestido con gorra del FC Barcelona, guantes lentes oscuros y chamarra. Sin más, lo golpeó con una barra de acero hasta matarlo. Después abordó el metro con tranquilidad.
El 18 de abril, en la calle Caspe, las cámaras de seguridad captaron a un hombre vestido como en el caso anterior, que golpeó a un indigente de nombre Ramón con un palo de 70 centímetros, hasta reventarle el cráneo. Para ese entonces, los Mozos tenían que aceptar la aterradora realidad: estaban enfrentándose a un asesino en serie, y en plena pandemia.
CACERÍA
La División Criminal puso cartas en el asunto, en medio de cubrebocas y gel sanitizante. Lo cierto era que había muy poca gente en las calles de Barcelona. Entre criminólogos, forenses y vigilantes, la policía buscaba a un presunto asesino serial de personas sin hogar.
No sería sino hasta el 27 de abril, cuando los vecinos de la calle Rossello reportaron a un tipo con un palo y de actitud sospechosa, que empezó a golpear con un palo a una posible cuarta víctima, también indigente. Con rapidez, los Mozos de Escuadra detuvieron al sospechoso, que hablaba en una rara mezcla de inglés, español e inglés. Fueron hasta su casa, una caravana llena de basura donde se encontraba el atuendo con el que cometió los asesinatos anteriores. No tenía más identificación que su licencia de manejo. Su nombre era Thiago Fernandes Lages, un brasileño que llegó a España desde Portugal. Su manera de comportarse era en extremo dispersa y desordenada. Todos sus vecinos lo consideraban un tipo raro. En junio de 2023 aceptó una pena de 63 años de prisión. Mató a aquellas personas simplemente porque eran gente sin hogar, vulnerables.
En el caso contrario está el de Peter Suttclife, conocido como ‘El destripador de Yorkshire’ y uno de los asesinos en serie más despreciables de Inglaterra, pues mató a 13 mujeres. Durante años, logró evadir la pena de muerte… pero no pudo esquivar al destino, pues en 2020 se contagió de coronavirus y murió a los 74 años, tras complicaciones por diabetes y trastornos cardiacos. El entonces Primer Ministro, Boris Johnson, declaró al respecto: “Nada borrará nunca el mal que causó, por eso es justo que haya muerto entre rejas por sus bárbaros asesinatos”.
Para los lectores interesados, sobre el caso de Peter Suttclife está el documental ‘El destripador de Yorkshire’ y quienes tengan interés en profundizar sobre el operativo para atrapar a Thiago, se encuentra el libro ‘Territorio negro’ de Luis Rendueles y Manuel Marlasca.
