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Criminal de guerra

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Recientemente ha llegado a México la película ‘La Zona de Interés’, que ha cosechado muchos de los premios más importantes del cine y tiene amplias posibilidades para ganar el Oscar. La historia se centra en un personaje nada ficticio: el nazi Rudolf Höss, quien fue comandante de uno de los peores campos de concentración y se convirtió en uno de los criminales de guerra más siniestros debido a la frialdad y la ‘practicidad’ con las que segaba vidas humanas.


Esta es su historia, tan oscura como la ceniza que emergía de los crematorios.
Rudolph Höss nace el 25 de noviembre de 1901, en el seno de una familia tradicional alemana. Con el paso de los años, demostraría conductas que hoy en día identificaríamos como psicopáticas: en primaria arrojó a un niño por las escaleras, rompiéndole el tobillo, participó en atentados terroristas a polacos y siendo mayor, golpeó hasta matar a un profesor local por creer que delató a su grupo militar, por lo que fue condenado 10 años de cárcel, pero salió libre a los 5 por una amnistía.


Lo innegable fue que creció rápidamente como militar, llamando la atención de la élite nazi, al tiempo que se casaba con su esposa Hedwig y tenía 5 hijos. Así, llegó a tener cargos en varios campos de concentración, como Dachau, Sachsenhausen y finalmente, llegó a Auschwitz, donde ocupó el cargo de comandante. Tenía su villa a un lado del lugar, con todos los lujos. Era, paradójicamente, un padre amoroso y un marido ejemplar.


Höss no era un sádico asesino que torturaba gente, sino más bien, un burócrata que le importaba quedar bien con las órdenes de sus jefes, aunque estas fueran asesinar millones de personas que llegaban a su campo día con día. Eso, quizá, lo convierten en un monstruo peor. De él fue la idea de usar el tristemente célebre gas Zyklon-B para matar prisioneros que supuestamente se iban a bañar, y la llamada ‘Operación Höss’ que consistió en trasladar a 430,000 judíos húngaros para matarlos. Fueron tantos cadáveres que los hornos no se daban abasto, y se tuvo que quemar los cuerpos en hornos abiertos.


Con la llegada de los aliados y el fin de la guerra, Höss escapó haciéndose pasar por jardinero y cambiando su nombre al de Franz Lang. Quien lo delató fue su esposa, que lo hizo para salvar a su hijo, quien fue apresado por las tropas inglesas.
Höss negaba ser él, pero los soldados ingleses que lo detuvieron le quitaron su anillo de compromiso, donde se leía su nombre y el de su conyuge. Antes de encerrarlo, lo molieron a palos. Una vez en prisión escribió sus memorias, antes de ser ejecutado.

FRIALDAD
Antes de ser ejecutado, Höss escribió sus memorias, que posteriormente se publicarían con el título ‘Comandante de Auschwitz’. El libro destaca por lo escabroso que resulta. Parece que no le importa matar a millones de seres humanos.
Incluso, cuando se le cuestionó, en su juicio, de matar a 3 millones de personas, corrigió al presidente del tribunal: “Solo fueron dos millones y medio, los demás murieron de hambre, agotamiento o enfermedad».


“Los reclusos eran ejecutados por un pelotón de fusilamiento. Después morían ahorcados o de un tiro en la nuca”, recuerda el nazi.
Höss fue ejecutado el 16 de abril de 1947, justo en las instalaciones del campo de concentración que dirigió. Sus hijos y nietos no siguieron sus pasos. Bridgitte, su hija, se convirtió en una hermosa modelo de la marca Balenciaga, mientras que su nieto Rainer es hoy en día conferencista en favor de la tolerancia y la paz.


Primo Levi, uno de los escritores más importantes respecto al tema del Holocausto, dijo que las memorias de Höss tienen que ser ciertas, pues un hombre tan inculto, con una visión burocrática tan grande no tenía la inteligencia para escribir atrocidades así.
También, en otra ocasión señaló algo muy cierto respecto a las injusticias: “No es lícito olvidar, no es lícito callar. Si nosotros callamos, ¿Quién hablará?”.

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