
Sin duda alguna, la situación de las infancias en Guanajuato es extremadamente compleja y preocupante. Debido al clima de inseguridad, muchas niñas y niños crecen en entornos violentos.
En ocasiones son víctimas (como los hechos ocurridos en Pueblos del Rincón en 2023, cuando una niña y un niño murieron baleados en diferentes hechos delictivos) y en otros, victimarios, como ocurrió el pasado lunes en Brisas del Campestre, cuando unos chicos arrojaron a una perrita a un pozo, para posteriormente aventarle piedras de gran tamaño.
Lo cierto es que la prevención es fundamental. Sobre este tema, habla en entrevista para este medio informativo el doctor Erick Gómez-Tagle, destacado investigador y académico. Es científico social, experto en temas de Criminología y autor del libro: ‘Bienestar y crueldad animales’, entre otros.
La pregunta es obvia, pero no por ello menos importante: ¿Qué hace que un menor de edad cometa actos violentos? El especialista responde:
“Son tres causas principales: la transferencia de violencia aprendida, siendo testigos o víctimas de ésta; la influencia negativa del grupo de pares (amistades nocivas de edades similares) y demostrarse que son capaces de generar dolor, como una muestra distorsionada de lo que es “hombría”. La curiosidad aquí no aplica tratándose de personas con un desarrollo psicoemocional sano, puesto que saben o intuyen el dolor y el grave daño que pueden generar, lo cual los frena. Respecto a si es posible que una niña, niño, o adolescente experimente placer al causar sufrimiento y/o la muerte de un animal, en la gran mayoría de los casos la respuesta es no, por la culpa y el remordimiento que generan, salvo tres posibilidades: a) que tengan alguna enfermedad psiquiátrica sin diagnosticar y medicar; b) que estén bajo el influjo de drogas o estupefacientes que no controlen; c) que hayan sufrido violencia, acompañada de rencor y desamor durante lapsos prolongados, transformada en odio”.
HECHOS
Cuando surgen casos de violencia hacia los animales, los comentarios en redes sociales suelen culpar a los videojuegos, los dibujos animados, la música. Al respecto, el académico puntualiza:
“En Criminología se afirma que todo influye, pero nada determina, para explicar las conductas violentas o antisociales, de ahí que elementos asociados a la violencia gráfica o audiovisual, independientemente del medio donde se exhiban o la plataforma donde se plasmen, no tienen efectos negativos en la niñez y la adolescencia, siempre y cuando exista un acompañamiento parental. Es, por tanto, un error querer censurar o prohibir canciones, películas o videojuegos bajo el argumento de que causan comportamientos criminales, cuando lo cierto es que es la familia el principal factor criminógeno (cuando es disfuncional y violento) o el más importante factor de protección (cuando existe respeto, amor y cuidados)”.
Los animales merecen respeto, y los casos que se han registrado en León (en Lomas de Medina y la ya citada Brisas del Campestre, ambos con menores como perpetradores) son condenables. El especialista señala que la moral y los valores se actualizan periódicamente, pero no se pierden, cuyo contenido cambia dependiendo de cada formación social histórica.
RESPONSABILIDAD
“Respecto a los animales hoy se les reconoce como seres sintientes, merecedores de protección legal, pero antes se les llamaba bienes muebles semovientes o bienes mostrencos. En conclusión, no se avanza a sociedades más frías y deshumanizadas, sino que son las redes sociales las que han visibilizado prácticas nocivas que ya existían”.
Finalmente, con respecto a qué toca hacer como sociedad (de Guanajuato, el país y el mundo) el académico es muy claro:
“Las sociedades mediante el trabajo conjunto de los gobiernos, las familias, los medios de comunicación masiva y las escuelas debemos mandar el mensaje firme, unánime, en cuanto a las consecuencias negativas de la violencia en todas sus modalidades y tipos, sancionándola desde sus expresiones más sutiles hasta la que está cargada de odio y es potencialmente privativa de la vida. Enseñar, por tanto, desde temprana edad que los animales son seres sintientes y, en muchos casos, inteligentes, que experimentan dolor y placer, a los cuales debemos respetar, cuidar y proteger”.



