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CON FRÍO Y ALGARABÍA

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Con mucho frío y tráfico, pero con muchas más ganas e ímpetu, se disfrutó del segundo día del Festival Internacional del Globo (FIG) en el Parque Metropolitano de León. Los 200 globos flotaron ante un público deseoso de tomarse “selfies” y contemplar las figuras.

Desde las cinco de la madrugada el tráfico era intenso en los alrededores del parque. Claxonazos, gritos y un lentísimo avanzar de los vehículos son, como cada año, el escenario habitual. En las colonias aledañas la gente busca hacer su agosto en pleno noviembre vendiendo café de olla, quesadillas, tortas, tacos de canasta o rebanadas de pizza. Incluso para uno que otro visitante apresurado, había gorritos, chamarras y bufandas.

La entrada a la zona de despegue estaba aglomerada. Personas de todas las edades aguardaban a la expectativa mientras los fogonazos  de los primeros globos iluminaban esporádicamente la noche.

En la zona de comida, no faltaba quienes desayunaban a la carrera para asistir a tiempo al despegue. Desde algún radio se escuchaba “Corro, vuelo me acelero”. A lo lejos, el globo con la imagen del osito Bimbo era el primero en inflarse.

La gente aguardaba. Algunos de pie, con sus teléfonos celulares. Otros con cámaras. Otros recostados en el pasto. Entretanto, el personal del FIG pedía que se alejaran de la zona de lanzamiento, pues el inflado comenzaba y los globos tomaban forma.

Desde el escenario principal del FIG sonó “Animals” del popular DJ Martin Garrix, quien se presentó el sábado por la noche.

Eran las 7:40 de la mañana cuando los globos ya flotaban. Estaba el de Mickey Mouse, el de Yoda y su antagónico Darth Vader, la botella de Coca-Cola, el que mostraba el logo del fantasma de la ópera de Andrew Lloyd Webber, y otros tantos que año con año son disfrutados en León y otros festivales del mundo.

Pilotos mexicanos, estadounidenses, brasileños, británicos, así como gente de todo el país, el estado y el municipio levantaban los rostros para contemplar los aerostatos. Aplausos. Selfies. Más selfies. Así se vivió la mañana en el FIG, una pasión que se mantuvo desde la madrugada hasta la noche cuando Martin Garrix ofreció su concierto.

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