Antes de estos tiempos pandémicos, los dos templos y los dos jardines del Coecillo se llenaban de gente, y los comerciantes de palmas, que venían no solo del Estado de Guanajuato sino de diferentes puntos del país, hacían su agosto en pleno marzo. La ceremonia era una recreación religiosa, según la tradición católica, del recibimiento de Jesús, previo a la Semana Santa.
Sin embargo, este año fue obligatoria la sana distancia no solo en el Coecillo sino en todo el mundo. Gente como la señora Carolina Ruiz, quien ha habitado en el tradicional barrio leonés durante toda su vida y actualmente tiene 68 años, se lamentó por la situación, pues aunque se celebró la festividad, no fue con las aglomeraciones y algarabía previas a tiempos pandémicos.
De hecho, el miércoles de ceniza se celebró repartiendo bolsitas a los feligreses, y el tradicional Via Crucis se va a festejar digitalmente, con Facebook Live como plataforma fundamental
Los vendedores de palmas, por su parte, se adaptan lo mejor que pueden. Uno de muchos ejemplos es el de Evelia Benítez, quien es originaria de Puebla y vino junto con su familia a vender palmas que ellos mismos hacen.
“Este año a muchos no les dejaron vender. Nosotros vinimos al Coecillo para ver si se mejoran las cosas. Realmente, desde el año pasado nos ha ido mal. Esperamos que las cosas se vayan mejorando pronto”, dice la vendedora, que ofrece sus productos a 10, 20 y los más caros, a 40 pesos.
