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COMO SOCIEDAD, PREPARARNOS DESDE AHORA

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Las instituciones son organismos que deben tratarse en su devenir, ya que ninguna obra  humana concluye cuando es tocada por la ley, pues siempre será susceptible de ser mejorada  y habrá de tenerse cuidado de no interferir en su evolución y, con ello, eliminar los objetivos supremos que se propuso la sociedad cuando las fundó.

Todas las sociedades pretenden lograr los objetivos que se proponen a través de sus instituciones. Los partidos políticos fueron creados para lograr objetivar la justicia por medio de las personas más idóneas, quienes deberán tener la capacidad y la fortaleza moral, para evitar que el poder de las instituciones sea utilizado para su destrucción.

La educación deberá inculcar en la conciencia de la sociedad, la idea de respetar la ley, como forma de acceder a una comunidad donde prive el espíritu de la ley, no solamente la letra de la misma, sin llegar a desvirtuar los propósitos que motivaron la norma.

En el ser humano bulle fuertemente la intensión de hacer prevalecer su interés, para con ello, incrementar su patrimonio y convertirlo en instrumento para acceder al privilegio.

Es ahí donde debe central sus intenciones el legislador, quien deberá hacer un profundo examen de conciencia, para valorarse y saber si su conducta protege la prevalencia de la ley sobre el poder que implica un patrimonio desbordado, capaz de imponerse sobre la ley y el espíritu que la engendró.

La pandemia que hace padecer al patrimonio social y la tranquilidad del espíritu, debe movernos a todos, especialmente a quienes han tenido la oportunidad de cultivar su espíritu, a buscar entre los congéneres el trato justo y garantizar el acceso a una vida social, capaz de valorar la verdad, la justicia, la solidaridad y la belleza; como marcos de una realidad capaz de acceder a grados óptimos de tranquilidad; en los que el ser humano se desarrolle sin zozobras y tenga garantizada la expectativa de vida y muerte dignas, como derecho universal.

Pero sólo mentes formadas para la solidaridad con la especie humana pueden darse a esa gigantesca tarea y es deber moral de los partidos políticos generar esa oportunidad, y de los legisladores crear la norma que evite la simulación y proteja la virtud ciudadana, de la confusión que generan actitudes demagógicas que hacen creer que protegen la justicia y sumen a la sociedad en luchas fratricidas. La esperanza de una paz con justicia no es utopía, sino condición para sobrevivir.

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